Juan Sebastián Verón, el símbolo de un Estudiantes que volvió a adueñarse de América, tras vencer el miércoles a Cruzeiro. Ayer los jugadores fueron recibidos como héroes por una multitud que los acompañó desde Ezeiza hasta La Plata.
Para los que no conocen a Alejandro Sabella han descubierto en esta etapa al frente de Estudiantes a un gran declarante ante la prensa sin dejar de lado su sapiencia táctica y estratégica en lo futbolístico. Sabella no da respuestas de casete, ni siquiera lo hizo en las entrañas del Mineirao al rato nomás de haber conseguido la Copa Libertadores. Se plantó delante de los micrófonos y dijo, sin mucho meditarlo, pero sabiendo que no era una frase más: «Verón es el jugador más trascendente de la historia de Estudiantes». Y se suscribe plenamente, sabiendo que la historia pincharrata conjuga con nombres como Nolo Ferreira, Infante, Zozaya, Zubeldía, Bilardo, Manera, Madero, un Verón que fue muy importante también, Tata Brown, Russo, Hugo Gottardi, Trobbiani, pero ninguno de ellos influyó en lo futbolístico, institucional y anímico como lo hace Juan Sebastián Verón.
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Volvió en 2006, luego de haber conseguido gloria en Italia e Inglaterra, pero sentía que a pesar del ascenso del 95 con Estudiantes había una deuda con el club que lo vio crecer y despegar. Fue campeón en 2006 con Simeone como entrenador como él había sugerido y no cayó en la tentación de una lluvia de billetes de Qatar, Italia, Estados Unidos y demás rincones de la tierra para que vaya a seguir tirando categoría en cada cancha que pisase. Se quedó porque sabía que algo faltaba. Por eso convenció a José Luis Calderón para que no colgase los botines. «Quedate, que vamos a ganar la Copa», así de sencillo, como si fuera un pequeño trámite, pero sabiendo que el club no bebía de esa copa desde 1970 cuando su papá, Juan Ramón, hacía delirar a la parcialidad del León, pero no tanto como el hijo por estos días.
Hoy Sebastián pesa dentro y fuera de la cancha. Decide todo y nadie le objeta nada porque es la persona más indicada para hacerlo. Por él llegaron Boselli, la Gata Fernández, Schiavi, el mismo Sabella y por la Bruja se quedaría Braña (con una oferta concreta de Tigres de Monterrey) y seguiría seis meses más Calderón. Si algo faltaba para hacer callar a las decenas de detractores, fue ganar la Libertadores de esta manera inobjetable, pero por Estudiantes es capaz de hacer lo que haya que haya que hacer para conseguir el Mundial de Clubes en diciembre por más que enfrente esté el Barcelona de Messi. Verón todo lo puede.
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