Una vez, el 14 de agosto, hubo 15 candidatos a intendente. La primaria, que activó interna en tres partidos -el FpV, UDESO y la Coalición Cívica- barrió con seis de esos anotados. En pie quedaron 9, habilitados para competir en la general del 23 de octubre.
Un espejismo: nacionalizada la batalla entre Enrique «Japonés» García y Jorge Macri, Vicente López se convirtió en un TEG donde terceros -o cuartos- actores resignan posiciones en pos de protagonistas que un rato antes eran sus más encarnizados enemigos.
Esa peste degolló a cuatro más: el sabbatellista Julio Cereza; el sciolista Leo Rial; Arnaldo Bresciani, de los Rodríguez Saá; y Luis Parodi, ganador de la primaria del carriosismo. Los dos primeros en hipotético respaldo a García; los otros dos, a Macri.
Hasta anoche sobrevivían seis. Los duelistas Macri y García; el excobista Norberto Erro, que juntó 16 puntos; el binnerista Horacio Alcuaz, que rozó el 10%; el troskista Federico Decoppet (3.33%) y Miguel Quintabani que con el sello de Proyecto Sur arañó los 3 puntos.
No se esperan más deserciones. Quintabani, así y todo, encarna una curiosidad: su partido no tendrá candidato a presidente ni candidato a gobernador, porque ninguno superó el 1,5%, por lo tanto irá solo con boleta municipal. Decoppet, del FIT, tratará de contribuir a otro milagro del trotskismo criollo: obtener bancas en el Congreso.
Se tejen incógnitas en torno de Erro y Alcuaz. En particular al primero, diputado que responde a Gustavo Posse y entró, en 2007 al Congreso, como parte del pelotón de radicales K que Néstor Kirchner mixturó en la lista del FpV, adherido al dueto Cristina-Cobos.
La polarización entre García y Macri pueden convertir las dos postulaciones en testimoniales. Esa decantación, junto a otros componentes, convierten a Vicente López en una tierra de mutantes políticos. Veamos:
Erro se postula por la alianza UDESO, que lleva a Francisco de Narváez como gobernador, quien selló un acuerdo de facto con Alberto Rodríguez Saá (ver pág. 15), que tumbó al candidato de Compromiso Federal (CP) en Vicente López, Bresciani, para contribuir a un potencial triunfo de Jorge Macri, que comparte lista con Chiche Duhalde, que compite por la ansiada senaduría nacional con UDESO, que por ahora postula a José «Pepe» Scioli.
Erro, como Alcuaz -que proviene del GEN, de Margarita Stolbizer- es radical. En el imaginario inicial, sus presencias absorben votos del universo que ha acompañado a García, otro caudillo histórico de la UCR, pero por su perfil opositor, con el tono crítico de Ricardo Alfonsín y Hermes Binner, podrían terminar por desdibujar a Macri.
La irrupción del primo Jorge en la zona norte podría, incluso, desagradar a Posse, que comanda un distrito fronterizo a Vicente López -San Isidro- por lo que no aparece claro cuál será el mandato del intendente a su delegado vecino. Sin embargo, Posse tiene una larga batalla con García y Macri. A su vez, le arrebató una candidata a Erro: Silvia Romero.
Esa confusión se trasladó al universo K: Rial, peronista y sciolista, batalló largo tiempo a García pero tuvo, por pedido expreso de la Casa Rosada al gobernador, que resignar sus pretensiones de competir en octubre. En la primaria participó con una colectora, el Frente Social, cuya «propiedad» legal es de Florencio Randazzo.
Más curioso es, todavía, lo del sabbatellismo: no sólo su candidato, Cereza, mantuvo un perfil ferozmente crítico a García sino que su bajada implica respaldar al candidato que forma parte de la boleta oficial del FpV, atado a Scioli, rival a nivel provincial de Sabbatella. Es decir: Sabbatella baja a su candidato y termina, indirectamente, favoreciendo a Scioli.
El otro fenómeno de mutación lo aportó la CC de Elisa Carrió. Luis Parodi (que en la grilla del carriosismo proviene de Unión por Todos, de Patricia Bullrich) le ganó la primaria a Cristina González, pero decidió bajarse para favorecer a Macri. Sin embargo, sus concejales dicen que mantendrán en pie la lista y designarán a otro candidato, tal como establece la ley, salvo que el partido no oficialice su boleta local, en cuyo caso se quedará sin competidor a nivel municipal. Bullrich se despegó de esa jugada para tratar de que no vinculen ese movimiento como otra miguita de pan que señale su camino hacia el PRO.
Entre fugas y ensambles, la elección está empantanada: García, a quien la Casa Rosada le intervino la campaña y volvió a sacarlo a la calle, dice que repuntó y está empardado con proyecciones positivas. Macri cuenta en el PRO que está unos puntos arriba pero advierte sobre el nivel de adhesión de Cristina al tiempo que se despega de Eduardo Duhalde. ¿Cómo operarán las bajadas y los respaldos cruzados? Es una incógnita si los votantes sabbatellistas, por caso, respaldarán a García o elegirán el más cómodo voto en blanco. ¿Y los que fueron a Rodríguez Saá preferirán a un Macri o a un aliado de la Casa Rasada? Hay un dato puntual: la polarización puede ser una mala táctica para el multirreelecto alcalde.
Al final, lo que algunos llaman macropolítica, para otros no es más que un juego de pícaros que rescatan beneficios ante la desesperación de los demás que suponen que uno o dos candidatos menos están más cerca o más lejos de ganar. También están los que desisten corridos por el fantasma de ser, a futuro, señalados como los responsables de la derrota de un aliado indirecto o un enemigo asociado.
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