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Vida de campo a orillas del mar
El centenario Faro Recalada, con sus 63 metros y 293 escalones.
Es así, a caballo, una de las mejores maneras de disfrutar la inmensidad en esta parte de la costa bonaerense, donde la playa parece infinita y aún sostiene posiciones frente al avance del hombre. Ésa es justamente una de las principales virtudes de Monte Hermoso, uno de los balnearios más australes de Buenos Aires, distante 100 km de Bahía Blanca. A su costa agreste hay que agregar un factor que no se encuentra en otras playas argentinas: aquí la villa pensada para el veraneo se mezcla con la vida de campo que caracteriza a toda la región.
Esto último se expresa en la presencia en el acceso a la ciudad de una estancia como La Loma, con su casco estilo inglés de 1916, en la que actualmente vive Miguel Vila, bisnieto de Esteban Dufaur, creador del famoso hotel de madera de 1917 que dio nacimiento a Monte Hermoso, que hoy ya no existe. El aire de campo también está presente en la cultura local, aquella que llega de los pueblos rurales de la región -Coronel Dorrego es el más cercano, a 40 km- y se evidencia en costumbres y rituales donde siempre están presentes el folclore, los asados y la hospitalidad.
Esta conjunción de ruralidad y playa -que tal vez pase algo inadvertida en el fragor del verano- permite pensar a Monte Hermoso como un destino turístico más completo, especialmente como parte de un circuito, aún en desarrollo, que une a esta localidad con las sierras de la Ventana (a 120 km) y pueblos como Saldungaray y Dorrego. El mar y las sierras dejan de estar distantes en este balneario que, durante el verano, hace gala de ser el único de la provincia donde puede verse la salida y la puesta del sol en el mar y en el cual, gracias a una corriente del norte, las aguas son unos 5° C más cálidas que en el resto de la costa bonaerense.
Los meses fríos son propicios para hospedarse en los complejos de cabañas que pueblan la zona boscosa, en la región oeste, y desde allí recorrer Monte Hermoso de punta a punta. Algunos de los recorridos posibles son las excursiones al Monte Simón, los alrededores de la laguna Sauce Grande -donde hasta hace menos de un siglo aún habitaban indios pampa-, el bosque de pinos, o también marchar del otro lado de la ciudad, a la región este, hasta la desembocadura del arroyo Sauce Grande, donde pueden observarse varias especies de aves, incluidos flamencos. Algunos de estos circuitos también suelen hacerse a bordo de cuatriciclos o camionetas cuatro por cuatro.
La pesca es otro de los fuertes de Monte Hermoso. La temporada alta es de octubre a abril, cuando el mar se llena de cazones y corvinas, pero igualmente todo el año hay buenas chances de cobrar pejerreyes, rayas, peces palo o peces elefante, más aún si sopla viento sur. Las salidas embarcadas o los sitios donde se tiran las líneas abarcan varios puntos de los 30 km de playa que tiene la localidad. Al este, los elegidos son la zona del Faro Recalada, Sauce Grande, la desembocadura del río Sauce Grande y, más allá, El Resguardo. Al oeste, los camping Americano y Médano Blanco garantizan el pique. Embarcarse en la laguna Sauce Grande es otra buena opción.


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