6 de julio 2010 - 00:00

Viena recuerda su ambivalencia con Mahler en una gran muestra

El busto de Gustav Mahler, de Rodin, en el Museo Austríaco del Teatro.
El busto de Gustav Mahler, de Rodin, en el Museo Austríaco del Teatro.
Viena - Ciento cincuenta años después de su nacimiento, Viena dedica a Gustav Mahler (1860-1911) una gran exposición que refleja la ambivalente y apasionada relación que con esta ciudad tuvo el célebre director y compositor. Mahler está considerado hoy un precursor de la música moderna que revolucionó además a la célebre Opera de la entonces capital del Imperio Austro-Húngaro. «Cuando llegue el fin del mundo quiero estar en Viena, porque allí todo llega 25 años más tarde», es una de las frases del artista que se recuerdan en la muestra, con motivo de celebrarse el 7 de julio su natalicio.

Si bien cosechó un éxito enorme como director de orquesta y de la Opera vienesa, Mahler, de origen bohemio y judío, tuvo que soportar críticas, no solo debido al creciente antisemitismo, sino también por su severidad en la gestión del teatro lírico y el rechazo de gran parte del público a las composiciones propias. «Lamentablemente sigo siendo un vienés empedernido. Gustav Mahler y Viena» es el título de la exposición, que puede verse hasta el 3 de octubre en el Österreichisches Theater Museum (Museo Austríaco del Teatro), cerca de la Opera Estatal, donde siempre se lo recuerda con una gran sala y un busto del músico obra de Auguste Rodin.

Mahler estaba seguro de lo que hacía: «Ya vendrá el momento para mi música», dijo. El momento llegó, aunque tardó mucho, entre otros motivos debido a que su obra fue declarada «degenerada» por los nazis. Hoy es interpretada por las grandes orquestas y cantantes en todo el mundo, y con más frecuencia aún en este jubileo de dos años, ya que en 2011 se cumplen cien años de su muerte. Nueve sinfonías terminadas y una décima inconclusa, «Das Klagende Lied» («La canción del lamento»); «Kindertotenlieder» («Canciones a los niños muertos»), y la sinfonía-ciclo de canciones «Das Lied von der Erde» («La canción de la Tierra»), se cuentan entre sus obras más destacadas.

Famoso es el «Adagietto» de la Quinta Sinfonía, elegido por Luchino Visconti para su película «Muerte en Venecia», protagonizada por Dirk Bogarde y basada en la novela homónima de Thomas Mann. El escritor, según confirmó en sus memorias su esposa Katia Mann, escribió la novela en Venecia apesadumbrado por las constantes noticias sobre la precaria salud de Mahler, a quien admiraba y en quien se inspiró para crear la figura del protagonista de la obra. Mahler se casó con una de las mujeres más bellas y admiradas de la Viena de entonces, Alma Schindler, veinte años más joven que él, con quien tuvo dos hijas, pero no fue feliz en su matrimonio y su primogénita murió a los cuatro años, en 1907, el mismo año en el que abandonó la dirección de la Opera de Viena ante una masiva campaña en su contra.

Más tarde dirigió la Metropolitan Opera House de Nueva York, ciudad en la que enfermó gravemente en febrero de 1911. Murió poco después, el 18 de mayo del mismo año, en Viena. La exposición refleja las distintas etapas de su vida y recuerda incluso los más mínimos detalles que introdujo como director de la Opera y que se mantienen hasta hoy. «Por ejemplo, introdujo la señal del fin de la pausa para avisarle al público que debía regresar a sus butacas. Eso no existía antes de Mahler», explicó el musicólogo Reinhold Kubik, uno de los comisarios de la muestra.

«La gente que entonces se burlaba de ello, y decían que una hora antes de la representación sonarían trompetas en toda la ciudad para avisar al público de que debía vestirse y salir a tiempo... No era habitual», pero la costumbre se impuso hasta nuestros días. También prohibió que el público entrara o saliera de sala durante la función, cambiando para siempre la costumbre de la sociedad de usar la ópera para hacer visitas y charlar de palco en palco. Kubik recordó también que Mahler fue el primer jefe del célebre teatro lírico vienés que era al mismo tiempo un famoso director de orquesta. «Con Mahler se inició una fase de tener aquí a conocidos maestros como jefes. Basta recordar a Richard Strauss o Herbert von Karajan», añadió.

Agencia EFE

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