El año 2021 cerró con un nivel creciente de exportaciones de vinos fraccionados. Sin embargo, el buen comportamiento de este indicador no es suficiente para reflejar el momento crítico que atraviesa el sector vitivinícola argentino. La preocupación de las bodegas pasa por la caída de ventas en el mercado interno y la pérdida de competitividad provocada por el atraso cambiario y las retenciones.
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Vino: pese a exportaciones en alza, preocupa caída del consumo local
El sector también sufre por las retenciones y el tipo de cambio, además de factores extraeconómicos.
Este fue el diagnóstico que trazó la presidenta de Bodegas de Argentina, Patricia Ortiz, durante la celebración de la Vendimia 2022, que se hizo en Mendoza.
“Nos preocupa la caída en las ventas que, luego del paréntesis de la pandemia, sigue su curso y cuyo origen es la falta de competitividad, sobre todo de los vinos de segmentos bajos, que son los más consumidos y los que más impactan en los productores de uvas. Nuestro mercado interno cayó 11% respecto al año anterior, retomando la curva decreciente de los últimos años, y si bien la exportación de vino fraccionado creció en un 8%, su valor, en términos reales, está por debajo del récord histórico del 2012”, dijo Ortiz.
A pesar de las buenas cifras de las ventas al exterior, la participación de los vinos argentinos en el mercado internacional se redujo frente al crecimiento de otros países exportadores. “Nos preocupa perder cuota en el mercado internacional y crecer a la mitad del ritmo que nuestros competidores, cuando tenemos productos de igual o superior calidad. Nuestra participación que era del 3,6% cayó el año pasado al 2,7% cayendo también en valor, un claro índice de nuestra pérdida de competitividad”, añadió Ortiz.
Entre las razones a las que apuntó la presidente de Bodegas de Argentina, mencionó el atraso cambiario, las retenciones y la carga impositiva. “El sector aporta por retenciones u$s38 millones, a lo que se suma un valor similar en concepto de aranceles en los mercados de destino como consecuencia de la falta de acuerdos de libre comercio, siendo Argentina el país que más paga en el mundo en concepto de aranceles por importaciones vitivinícolas”.
La industria del vino no sólo se enfrenta a un contexto macroeconómico adverso. También sufre en otros frentes. “Hemos tenido que agudizar nuestra creatividad e ingenio para sortear las dificultades que se presentaron más allá de los temas económicos, como la escasez de botellas, la logística por la falta de barcos, el paso a Chile y los malabares para mantener activos a los mercados que tanto nos cuesta conseguir sin recursos para la promoción”, explicó Ortiz.


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