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“Vivimos un momento trascendente en el que se afianza la relación con Israel”
La buena sintonía personal entre Mauricio Macri y Benjamín Netanyahu alientan una sinergia y un diálogo permanentes. Pero el vínculo histórico entre los dos países va mucho más allá de eso.
A menudo solemos leer acerca de los temores que produce el fenómeno de la globalización. Sin embargo, soy un optimista en relación a este proceso. Creo que el mismo puede brindar un envión para mejorar las condiciones de vida de las sociedades. Tal como suelo señalarles a mis colaboradores la promoción comercial bilateral no se trata sólo de comprar y vender sino de generar las condiciones de cooperación en beneficio de todas las partes. En este sentido, Israel y el Mercosur cuentan con un instrumento fundamental: el tratado de libre comercio que entro en vigor en 2011, que ofrece un marco propicio para el desarrollo comercial y las oportunidades de inversión. Tan sólo en los últimos trimestres se han multiplicado las delegaciones empresariales, tanto argentinas como israelíes, que auguran un incremento en los niveles globales de intercambio.
Sin dudas un mundo de nuevas oportunidades se desarrolla en los caminos que unen a nuestras naciones. Las acciones argentinas se multiplican en la arena global y estas cuentan con el decidido respaldo de Israel. En ese sentido, Jerusalén ha enviado representantes a cada una de las conferencias multilaterales que se han celebrado en Buenos Aires: la de Desarrollo de las Telecomunicaciones, la Conferencia Mundial sobre la Erradicación Sostenida del Trabajo Infantil y hará lo propio ante la próxima Ministerial de la Organización Mundial del Comercio. En este plano, Israel también observa con alegría los denodados esfuerzos argentinos por incorporarse a la OCDE, iniciativa que cuenta con nuestro voto favorable.
Un club de fans
en el desierto
Sabemos que las relaciones bilaterales no sólo se rigen por el pulso político y económico. La promoción cultural israelí a través de películas como la galardonada en el Festival de Cine de Mar del Plata 2016 "Personas que no son yo" o la visita del afamado escritor Etgar Keret a la Feria del Libro de Buenos Aires en 2017 forman parte de nuestro quehacer cotidiano. De igual forma, nos asombra la recepción del público israelí ante los referentes del escenario local, quienes llenan teatros e incluso tienen sus propios clubes de fans.
En otra arena, la científica, hace tan solo unas semanas expertos israelíes se unieron a referentes locales para abordar por primera vez en un simposio internacional, la temática del uso del cannabis medicinal. Esta experiencia despertó la atención de profesionales de la salud así como de múltiples actores de la sociedad civil.
Hasta aquí he repasado sólo unos pocos proyectos a los que se aboca nuestra misión diplomática. Siendo generoso con el fiel lector que ha llegado hasta este tramo, y obviando valiosas gestiones vinculadas al mundo de la comunicación, la ciencia y la academia, no puedo culminar estos pensamientos sin recordar que Israel y la Argentina tienen una historia de dolor compartida. Transcurrieron 25 años desde aquel trágico 17 de marzo cuando un atentado terrorista marcó para siempre la historia de nuestros pueblos. Es difícil poner en palabras las múltiples sensaciones que vienen a mí cada vez que me encuentro con los sobrevivientes y familiares de las víctimas que, 25 años después, aún no tienen la paz interior de saber que los perpetradores de tan siniestro atentado no han pagado ante la Justicia por los delitos cometidos.
Hoy, cerca de terminar este movido y positivo 2017 e inspirado en la tradición judía que nos invita a realizar balances de cara a los cierres de ciclos, debo decir que me honra servir en este país que apuesta a consolidarse como un actor contundente en la geopolítica mundial. Es mi sensación personal y en ella va también la posición de una nación amiga.
Embajador del Estado
de Israel en la Argentina

