4 de julio 2013 - 00:00

“Vrindavana”: para amantes de una existencia más calma

En su documental sobre la vida cotidiana en una ciudad de la India enteramente religiosa, Ernesto Baca  nos muestra viñetas, imágenes bellísimas, con la atracción del tiempo detenido.
En su documental sobre la vida cotidiana en una ciudad de la India enteramente religiosa, Ernesto Baca nos muestra viñetas, imágenes bellísimas, con la atracción del tiempo detenido.
"Vrindavana" (Arg., 2010, habl. en hindi). Guión y dir.: E. Baca. Documental.

Tiempo atrás, el experimentalista Ernesto Baca siguió la vida cotidiana de una familia de practicantes argentinos del Hare Krishna (un sacerdote, su esposa y sus ocho hijos), gente llena de espiritualidad en pleno conurbano bonaerense. Ahora nos presenta la vida cotidiana en una ciudad enteramente religiosa, Vrindavana.

¿De qué estamos hablando? Vrindavana, bosque de la diosa Vrinda, norte de la India. Allí pasó su juventud el venerado Krishna, forma principal del dios que da vida a todos los dioses, según dicen sus seguidores, o una encarnación del dios Visnú, según otros que también lo adoran. Vrindavana es sagrada por eso, para los muchos visnuistas, o vaisnavistas, y también para los hinduístas. Decenas de templos hay a la vera de sus calles, de las tantas religiones que allí se practican.

Pocos rastros de modernidad se advierten, y esos pocos parecen integrados. Por ejemplo, un sintetizador portátil del que salen sonidos de diversos instrumentos hindúes, muy apto para cubrir la inesperada ausencia de algún músico en procesiones pequeñas.

Baca estuvo allí con una Super8. Caminó, se detuvo a contemplar los rincones diversos y coloridos de ese mundo tan distinto al nuestro, navegó por las aguas mansas del Iamana, el rio sagrado, anduvo también por los alrededores, retrató a sus gentes, las diversas labores, grabó los cantos, las voces extrañas, compartió las comidas. Lo que ahora nos muestra son viñetas, imágenes bellísimas, momentos representativos, envolventes, con la atracción del tiempo detenido. No ofrece explicaciones ni comentarios. Solo la posibilidad de percibir una vida distinta, que transcurre apenas a ocho kilómetros de la autopista más moderna. Contradicciones de la vida contemporánea. Oportunidades de la cartelera porteña (se presenta sólo los martes en el Centro Cultural Borges, y para sintonizar mejor se le pide a los espectadores que durante la proyección se quiten sus zapatos). Para amantes de una existencia más calma, vale la pena.

P.S.

Dejá tu comentario