25 de febrero 2014 - 00:00

Wall St., alto en el cielo, audaz se eleva

El frío polar no afloja y penetra a su gusto las estadísticas de EE.UU., y sin embargo Wall Street se preserva templado. La sucesión de malas noticias económicas es notable, pero no le hacen mella. Y cuando, en estas duras circunstancias climáticas, se intercala alguna buena nueva -como el informe PMI preliminar que elabora Markit- paga doble. Los récords estaban ahí, al alcance de la mano hace un par de semanas, pero, con tino, la Bolsa se había rehusado a desafiarlos. Los astros eran favorables, sólo que no estaban correctamente alineados. No se baten récords con el Dow Jones de Servicios Públicos como punta de lanza, y el índice de Transportes en la retaguardia, sino al revés. Pero la ansiedad pudo más que la prudencia. Y ayer Wall Street prefirió dar el zarpazo y no prolongar la espera.

El S&P 500 habilitó una nueva cumbre intradiaria (pero eso sí, todavía adeuda un récord de cierre). No se cargó de grandes argumentos (nadie puede asegurar hoy a ciencia cierta qué terreno pisa la economía), le bastó con la prepotencia del deseo. Audaz se eleva sobre los niveles donde se había mancado en enero dibujando un "doble techo" que le costó, poco después, el susto de una veloz recaída. Padeció entonces una mini-corrección -porque la cosa no llegó a mayores- que se detuvo en una merma del 5,76%, un calco al milímetro de lo que le había acontecido un año atrás. Y desde allí lanzó su contraataque. La tendencia es tu amiga, dice el refrán. Y la tendencia lucía intacta. Ayer el S&P 500 -impulsivo y, quizás, imprudente- buscó coronar su revancha. Debe aún un remate contundente.

Si Facebook paga 19 mil millones de dólares por WhatsApp; si las fusiones y adquisiciones cobran mayor voltaje, como sucede, es un signo magnífico. ¿Serán excesivas las valuaciones de la Bolsa? Para el ojo conocedor de los insiders, de los que respiran el negocio desde adentro, está claro que no, que a estos precios, ven oportunidades. Lejos, por supuesto, de ser infalibles, lo que vale es que si disponen de recursos, no los retaceen. No toman ganancias, ponen su dinero en juego. Aquí no hay apuestas subsidiadas, para sentarse a la mesa hay que pagar una prima generosa sobre las cotizaciones vigentes.

Cuando los indicadores son magros es el clima. Cuando resultan favorables es la recuperación de la economía. No siempre los mercados son tan tolerantes. Más vale que conserven el atributo porque no habrá clara visibilidad antes de abril, como mínimo. La debilidad será la norma, y si rigiera otra psicología, pasaría una copiosa factura. ¿No se exagera con el recurso explicativo de las gélidas temperaturas? Es muy probable. Si se examinan, por ejemplo, las ventas de casas de segunda mano, que cayeron el mes pasado el 5,1% (y ya llevan cinco retrocesos al hilo, siempre más profundos que lo esperado), se advierte que la región más afectada por las inclemencias -el noreste- es la que menos se retrajo (el 3,1%). El oeste, en comparación, sufrió un bajón de más del 7%.

Se sabe además que el fuerte repunte de la actividad del segundo semestre de 2013, trajo consigo una gran acumulación de inventarios. El "sobrestoqueo" tiene que potenciar el efecto del mal tiempo. Si de buenas a primeras irrumpieran temperaturas veraniegas, la debilidad de la producción seguramente persistiría hasta digerir los excesos de mercaderías en depósitos y canales de distribución.

¿Por qué se relativizan los contratiempos cuando son tan evidentes? Llama la atención que no haga falta ver para creer. Sobresale, pues, la convicción de que la economía crecerá robusta. Y la razón es que mientras el año pasado hubo que sortear un durísimo ajuste fiscal a contrapelo, en 2014 la política canceló el cerrojo legislativo y la experiencia no se repetirá. Los republicanos le dijeron adiós a la estrategia del bloqueo fiscal (y, para la elección de noviembre, apuestan todos sus boletos al rechazo popular de la reforma de salud, el llamado Obamacare).

La Fed, por último, aporta también su óbolo. Janet Yellen luce tan amigable como Bernanke, y el "tapering", que es un sino inevitable, ya no asusta en Wall Street (otra historia es en el mundo emergente). Es verdad que en las minutas de la reunión de enero, la discusión por la suba de tasas cortas recuperó preeminencia. Y en un mercado que no carece de agenda, pero que aún necesita tiempo para madurarla, la discusión sobre las tasas de interés serviría para matar el aburrimiento. Pero, cuando se miran los futuros de fed funds, se percibe que nadie se comió el amago. Y el mismo mensaje, obvio, emana de las pizarras de Wall Street.

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