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Wall St. sube, EE.UU. crece, en un mundo que está en pantano
Janet Yellen
El desempeño económico no es malo, pero se desconfía. EE.UU. destaca en un mundo que no sale del pantano. Y, para peor, la tirada reciente de indicadores fue una ristra de decepciones: entre informes regionales PMI y nacionales ISM, confianza del consumidor, gasto de la construcción, ventas de casas pendientes y órdenes de fabricación se juntaron más de media docena de traspiés. Desde que irrumpió la fortaleza del dólar se teme el contagio de la debilidad allende los mares como si fuera la peste (y encima se detectó un caso de ébola en EE.UU.). Se habla mucho de la Fed (esta semana agregaremos la lectura de las minutas y una tanda nutrida de oradores), pero lo que hoy preocupa en Wall Street es otra cosa: ¿estará la economía a la altura que demandan las cotizaciones? Porque si no va a dar la talla, habrá que rebajarlas. Hay que echar un vistazo a la marcha del Dow Jones de Transportes para entender cuán agresiva es la apuesta cíclica.
El PBI del segundo trimestre, revisado a un crecimiento del 4,6%, mostró una recuperación plena tras el descarrilamiento de principios de año por las inclemencias climáticas extremas. Pero, como se dijo, las sorpresas recientes habían tejido un nudo compacto de adversidades. El informe de empleo de septiembre, conocido el viernes, barrió las dudas. La economía sumó 248 mil nuevos puestos de trabajo netos, la cifra más alta desde junio (y los estimados de julio y agosto fueron corregidos al alza). La tasa de desocupación hundió la barrera del 6%, lo que no se observaba desde mediados de 2008. La Fed esperaba que el registro del 5,9% se alcanzase recién a fin de año (y la regla ha sido el optimismo excesivo de sus pronósticos). Se debe apuntar que el desempleo disminuye porque también decae la tasa de participación en el mercado laboral. O sea, los progresos no son tan rotundos. Se puede discutir qué fuerzas comprimen la participación (son más estructurales que cíclicas, sin dudas), pero lo cierto es que no hay presiones salariales. Con la inflación medio punto por debajo de la meta oficial, Yellen podrá defender la política de "mirar y esperar".
Si la economía está okey, lo que resta chequear es la micro. Y el miércoles comienza la temporada de balances. El examen estaría preaprobado si no fuera por la irrupción del dólar fuerte. Basta ver el declive de las acciones de energía -en línea con la erosión del precio del crudo- para comprender la capacidad corrosiva del nuevo actor en escena. Papel por papel, está claro, su influencia será mayor. Pero se ignora cómo impactará en el conjunto. Que el mercado se haya posicionado a la defensiva (a mitad del rango de precios) y que las expectativas de aumento de ganancias -6,4%- sean favorables indica que los balances -si evitan los grandes contratiempos imprevistos- pueden obrar como un resorte para un nuevo ascenso, máxime cuando ya nos adentramos en la antesala de la estacionalidad propicia de todo final de año.


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