17 de febrero 2014 - 00:00

Wall Street está otra vez en las alturas (gracias a miss Yellen)

Wall Street trepó entre el 2% y el 3% esta semana y cerró de vuelta, créase o no, a un tris de los récords. El año 2014 empezó tortuoso, el efecto enero fue un sonoro disparo por la culata, la economía se congela con las temperaturas bajísimas y, sin embargo, la Bolsa -cual muñeco a baterías larga vida- no ceja en su empeño de avanzar y avanzar. El NASDAQ, que oficia de punta de lanza, clausuró el viernes a su cotización más alta desde el mítico 2000. El índice S&P 500 enhebró siete ruedas consecutivas en ascenso, escaló el 2,3% en la semana y le bastaría con estirarse otro 0,6% para alcanzar de nuevo un máximo absoluto. Todo ello sin euforia ni excitación. Ni tampoco, punto débil, derroche de volumen. La suba opera por goteo. Y es por eso que no hay señales de sobrecompra aunque se está pisando ya la alfombra de los récords.

Quince días atrás, los osos tenían todo controlado. Ya habían convencido a una legión de indecisos, les faltaba dar el zarpazo final y empujar a la Bolsa a una corrección como Dios manda (lo que no sucede desde julio de 2011). Pero se les escabulló la presa cuando parecía sometida y tuvieron que huir despavoridos ante la embestida de los toros. Sólo les quedó el póster ajado -ampliamente difundido por internet- que asocia los avatares del actual mercado alcista con los prolegómenos del crash de 1929 y destaca gráficamente las similitudes. Este repunte, para su desgracia, no aparecía señalado en el dibujo.

Ya nadie recuerda que hubo pánico. Ni la zaranda -también breve- de los mercados emergentes. El frío polar sí está presente. Regresó por partida doble. Descargó su furia, otra vez, sobre la costa este, y volvió incrustado en todos los indicadores económicos de enero. De la tanda de resultados que se conoció la semana pasada únicamente se salvó la confianza del consumidor. Cayeron las ventas del comercio minorista, la producción industrial y la utilización de la capacidad instalada, todos en mayor medida que lo esperado. La actividad manufacturera sufrió la retracción mensual más profunda desde 2009. ¿Y acaso alguien se molestó? Eso es historia, de un par de semanas atrás, cuando el ISM fabril anticipó las consecuencias de esta fugaz era del hielo. Allí se forjó la minicorrección y asomaron peligrosas rajaduras en el estado de ánimo. Pero fue santo remedio. El pesimismo vertiginoso -y el apuro por sacar los fondos de la Bolsa- obraron el milagro de reavivar un rally a contramano. Suele pasar. Es el drama del cazador cazado. Una forma rápida de conseguir una piel de oso.

Nadie puede saber hoy a ciencia cierta cuánta fortaleza de fondo conserva la economía. Y, con los rigores climáticos extendiéndose en febrero, será difícil despejar los interrogantes en marzo. En condiciones de restringida visibilidad, el temple del inversor define. ¿Se asusta ante los malos números y se retira a cuarteles de invierno? ¿O saca ventaja de que resulta imposible emitir un juicio fundado, que toda flojedad puede achacarse al mal tiempo, y juega fuerte, al menos, mientras tenga las espaldas cubiertas por la bruma? En el país de los ciegos, no sólo el tuerto es rey. También puede coronarse la audacia.

El cambio de mando en la Fed es otro mojón de 2014. No hay que engañarse por la calma chicha. Toda transición siempre ha supuesto trauma. Los galones no se heredan. Volcker, Greenspan y Bernanke han tenido que ganarse los suyos lidiando con las tormentas que les deparó el destino. Janet Yellen deberá conducir a buen puerto la política monetaria no convencional de la Fed. Menuda tarea le espera. Nunca antes el banco central había cargado su bodega con 4,1 billón de dólares en bonos. Y, pese al tapering, hacia fin de año la estiba trepará a los 4,5 billones. De momento, el traspaso ha sido un éxito de suavidad. Yellen promete mantener el rumbo que dejó Bernanke (y no hay por qué no creerle, si ella también diseñó la estrategia). Si no asustan los números endebles de una economía bajo la nieve, en buena medida, se debe a que Yellen no vertió ningún reparo. ¿La volatilidad reciente en los mercados globales? Tampoco es un problema, dijo. El tapering seguirá su curso. Se deduce: la recuperación no corre peligro. O la Fed suspendería la maniobra. No es casual que a su paso por el Congreso, Wall Street haya forjado la mejor semana de este traicionero 2014. Quien precise -como los osos malheridos - una ración de palabras ácidas no las escuchará de su boca. Pero quizás tenga revancha cuando este miércoles la Fed propale las minutas de la última reunión que condujo Ben Bernanke.

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