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Wall Street mantiene suba (por descarte)
La debilidad de la economía es palpable, aunque los dieciséis días de parálisis gubernamental la exageran. Desenredar la madeja -y separar la paja del trigo- es tarea titánica. Se preferirá que el paso del tiempo revele la verdadera salud de la espiga. Tómese la lectura anticipada del informe PMI que publica Markit con datos recolectados en el período del 11 de octubre al 23 y que la fecha del cese del "shutdown" -17 de octubre- divide en partes iguales. El PMI provisorio (resta procesar el 15% de la información) es la primera ojeada tras la reapertura del Gobierno: marca una fuerte desaceleración de la actividad manufacturera (la más baja en 12 meses) y una caída de la producción (la primera desde septiembre 2009). La intransigencia política quebró la tendencia previa de fuertes incrementos mensuales. El crecimiento del libro de órdenes de la industria fue el más lento de los últimos seis meses. Las cifras repuntarán en noviembre, pero, de igual manera, será imposible distinguir entre el mero rebote y la fortaleza de fondo.
La Fed navega por instrumentos y el "shutdown" le apagó las pantallas. La escasa visibilidad la mantendrá temporalmente fuera de operaciones. Toda la evidencia circunstancial que se pudo recoger está teñida de debilidad. Si en la reunión de septiembre se decidió esperar, ahora con más razón. Tampoco se justifica un lenguaje más duro que sugiera un apretón de clavijas en diciembre. Ningún indicador disponible, ni uno solo, descubre el repunte que la Fed imaginó para el segundo semestre, cuando mencionó la intención de empezar a cortarle las riendas al QE3.
Una economía fatigada le ata las manos a la Fed y se las desata a los bonos. La tasa larga bajó ya al 2,5% y enterró la amenaza de inestabilidad que quitaba el sueño entre mayo y septiembre cuando prometía derribar el portón del 3%. Con una modesta expansión de las ganancias empresarias (cuyo crecimiento interanual no llega al 5%) y tasas de corto plazo rayanas a cero, no es una mala configuración para la Bolsa. Mientras los consumidores se deprimen -su confianza es la más baja del año, dice la Universidad de Michigan-, los inversores minoristas inflan el pecho. La mitad -el 49%- se declara optimista. Desde enero no se registraba semejante caudal. Los que temen un retroceso son apenas el 17% cuando el promedio histórico merodea el 30%. El momentum de la Bolsa, en el margen, se nutre así de factores favorables aunque resbaladizos. Un optimismo diez puntos porcentuales superior a su media, y que como asciende de la mano de los precios, puede descender en igual compañía; el aumento de la deuda en las cuentas de margen que sirven para apalancar posiciones, y el derrame de recursos que fluye sin pausa a los fondos de acciones. Así no habrá problemas en las rectas largas. La clave será negociar bien las curvas. Y el canje de una economía débil por una Fed a más distancia es excelente. Queda la prevención por los peraltes. La "sobrecompra" es evidente: el índice S&P500 cotiza a un nivel que se ubica más de dos desvíos estándar por encima de su media de cincuenta ruedas. Con ganancias que aumentan a paso de caracol y precios que suben a la velocidad del rayo, el rally ya es una carrera de múltiplos. A 14,5 veces las ganancias futuras, y en una recta aburrida, el S&P 500 invita a acelerar. A 19,3 veces las ganancias históricas, y sabiendo que las promesas de utilidades se desinflan en cada vuelta del circuito, no estamos lejos de la banquina. La invitación no será rechazada. El rebaje vendrá cuando la sobrecompra se corrija, y las ruedas pisen el pasto. Ayuda pensar -si se miran los problemas que dejamos de lado- que el pasto no luce muy crecido.


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