22 de octubre 2012 - 00:00

Wall Street patinó: surgen luces rojas

No fue un viernes negro, pero patinar 200 puntos sobre hielo no es tampoco una experiencia agradable. Era el aniversario 25° del célebre crac de octubre de 1987, aunque el frío que congeló las sonrisas del Dow Jones no provino del fondo de la historia, sino de las memorias y los balances más flamantes. Wall Street no cree en brujas, pero sabe que las hay. El crujido de 1987 no se produjo un viernes, sino el «lunes negro». Habrá que sortear la rueda de hoy, pues, para tomar distancia del posible maleficio. El problema va más allá: a la respiración de Wall Street no la ciñe un fantasma del pasado, sino el presente magro en recompensas. La economía global es el corsé que aprieta la facturación, los márgenes y las ganancias de las compañías. Esa influencia, por supuesto, será más ardua de apartar que la telaraña de una ocasional efemérides.

El rally que los balances de los bancos encendieron a comienzos de la semana -con Citi a la cabeza- se quedó sin nafta el viernes y, desprovisto de genuina sustentación, rodó por la misma cuesta en caída vertiginosa. Es ley de vida: el que a hierro mata a hierro debe morir. Si los bancos insuflaron ánimo, los balances de las tecnológicas fueron una desgracia. Hasta el jueves, la Bolsa prefirió ignorar las pequeñeces de la realidad y escaló aun con pésimas noticias. Pero no soportó la andanada: Intel, IBM, Google, Microsoft. Fue demasiado. El NASDAQ se desfondó. El Dow Jones y el S&P 500 no pudieron resistir, aunque salvaron la semana con una módica suba. ¿Se agrietan sólo las compañías de tecnología? Lideran el castigo, pero las desventuras no se limitan a ningún sector. McDonald's reconoció que, dada la anemia del consumo, su crecimiento permanecerá bajo presión por los próximos meses. A quienes temen la inflación, una mención especial: publicitará sus ofertas de «precios bajos» con más agresividad. Federal Mogul -el fabricante de autopartes- acusó una pérdida lisa y llana y anunció recortes de producción y personal para contrarrestar la menor demanda en Europa. GE -el conglomerado en torno a la vieja General Electric- se las arregló para poner un aumento del 8% de las ganancias sobre la mesa, pero abrió el paraguas para el futuro: también avizora una desaceleración en sus ingresos. Y está en guardia por si Washington no atina a eludir el «precipicio fiscal».

Nada gratificante

Los números no mienten. Las 117 compañías del S&P 500 que informaron ya sus cifras arrojan como saldo una caída de utilidades, interanual, que orilla el 4%. Nada gratificante. Créase o no, sin embargo, los pronósticos para todo el trimestre mejoraron, no han empeorado, desde que Alcoa inició la cadena formal de anuncios. Según la encuesta de Bloomberg, los analistas proyectan una merma del 0,3% para el período que se compara con la reducción del 2% que preveían el 28 de septiembre. Vale recordar que el declive de las utilidades no constituye sorpresa. No es una sequía anunciada lo que agrede la sensibilidad, es la orientación sobre el horizonte de los negocios que transmiten las propias empresas (el «forward guidance») y que se torna, jornada tras jornada, más sombría. Si se quiere condensar la sensación de achicamiento, lo que hay que mirar no es el flujo de las utilidades, sino la corriente de ingresos por ventas. Es allí donde reside la amenaza que quita el sueño: por primera vez desde 2009, las grandes compañías de EE.UU. se encaminan a registrar una merma. ¿Cómo podrán sostener la generación de utilidades cuando el recorte de costos estiró al máximo los márgenes de rentabilidad?

Así las cosas, Wall Street volvió a foja cero. Al umbral que pisaba cuando la Fed anunció el QE3. Es un regreso abrupto, con un ojo morado y con la cola entre las piernas. Es que los balances son un torrente que recién esta semana alcanzará su régimen de mayor caudal: 700 empresas de todo pelaje -y más de 150 de las que conforman el S&P 500- volcarán sus números ante un público intranquilo. Habrá que cruzar los dedos para que no surjan revelaciones aún más penosas. Apple es el papel para seguir: este jueves, la estrella más notable del firmamento en 2012 difundirá las cifras de su trimestral. Pero, como se sabe, los mercados, cuando son ansiosos, no pueden esperar. Así, antes que alguien diga esta boca es mía, la cotización de la acción ya se desplomó más que el propio NASDAQ. Aquí no rige aquello de «in dubio pro reo», sino todo lo contrario: primero se sanciona y después se escuchará el descargo de la compañía. Es un mecanismo estabilizador incorporado. El papel ya cayó el 13,5% desde sus máximos en septiembre. Un mercado avisado de las malas noticias tiene al menos una ventaja: no exige mucho para conceder la gracia de una reacción de alivio.

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