Wall Street sube, Shanghái se hunde y Trump piensa que va ganando

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El S&P enhebra la racha en alza más larga de 2018. Los bancos centrales -Inglaterra, Japón y la Fed- hacen lo suyo. China aporta novedades y transmite que no quiere una guerra de monedas.

Pasaron cinco semanas desde que el presidente Trump abrió el fuego simbólico de la guerra de comercio con China y son cinco semanas consecutivas que el índice S&P 500 enhebra en alza. Es la racha más larga de 2018. Y conste que el año fue tormentoso. En febrero y en abril las acciones cayeron un 10% desde los récords de fin de enero. Pero la artillería de aranceles ya no asusta a Wall Street. Trepa despacio, constante. Así se arrimó a sólo 1,2% de los máximos históricos absolutos.

Pasaron también los bancos centrales en caravana de reuniones. El Banco de Inglaterra subió la tasa un cuarto de punto -la llevó al 0,75%- apenas un peldaño por encima de su nivel previo al referéndum por el "brexit" en 2016. Mark Carney, el canadiense que conduce la institución, no tiene prisa. "Si quieren una regla práctica usen esta: un ajuste de tasas por año". No obstante, vigila la extensa lista de peligros que merodean las islas, desde las trabas al comercio hasta el temido escenario de un "brexit duro", sin acuerdo con la Unión Europea, que la premier Theresa May vende como una calamidad en ciernes (y con razón). Se podarán las tasas si ese fuera el desenlace, dijo Carney. Por su parte, el Banco de Japón tuvo en vilo a los mercados de bonos globales como es últimamente su costumbre. Se especializa en no cambiar su política de fondo -la expansión cuantitativa con control de la curva de rendimientos- y provocar revuelo igual. El gobernador Kuroda alteró un leve matiz: si bien mantiene el objetivo de la tasa a diez años en 0% ahora admite un margen de fluctuación de + / - 0,20% (el doble que su definición anterior). Presurosos, los mercados pusieron a prueba esa flexibilidad y el Banco de Japón intervino antes de que la tasa sobrepasara un 0,15%. Créase o no, el alivio fue universal (incluyendo los bonos del Tesoro de los EE.UU. que aflojaron del 3% al 2,95% tras resolverse la escaramuza). De todos, el cónclave de la Fed fue el más abúlico. Jay Powell ratificó que el almanaque marca una suba en el mitin de septiembre. Los fed funds rendirán entre el 2% y un 2,25% (dos puntos completos por encima del rango de la tasa cero que rigió hasta diciembre de 2015). Que Trump berrinche si no es de su agrado.

La Casa Blanca pactó una tregua con Europa y volvió a embestir a China. ¿La idea? Sobre llovido, mojado: duplicar los aranceles que se le impusieron a las importaciones. El Congreso aportó un grano de sal: una ley de defensa que se propone restringir la actividad económica y militar de Beijing. El gigante oriental denunció una extorsión. Y, el viernes, contraatacó con el anuncio de un paquete de aranceles -de entre el 5% y un 25%- sobre 60 mil millones de dólares de importaciones. En otras palabras, lo de siempre. En rigor, los únicos gravámenes extra que rigen desde que estalló la "guerra" son los que le dieron inicio, cinco semanas atrás. Lo demás todavía es fuego de artificio. Sin embargo, China produjo una gran novedad. Dispuso reintroducir un encaje del 20% aplicable a quienes operan futuros de divisas. El mensaje es nítido. No somos nosotros quienes estamos devaluando el renmimbi, es el mercado. Y ahora urge frenarlo (como ocurrió con el costoso derrape de 2015). ¿Es la pipa de la paz? Beijing transmite que no quiere una guerra de monedas. Trump lo tomará con beneplácito pero no cesará la beligerancia. ¿No es, acaso, otra señal de debilidad? Con las Bolsas chinas en territorio bear- Shanghái dejó de ser el segundo mercado mundial en tamaño a manos de Tokio - ahora asoma una fuga de capitales. Está ganando, y hurgará en la llaga. Wall Street, en cambio, se codea con los récords. La receta es simple. Toma la inspiración de los balances (y la orientación que dan las empresas sobre el futuro de sus negocios). Los números son muy sólidos. Por supuesto que pueden fallar, y que lo diga Facebook (un traspié le costó 140 mil millones de dólares de valor en un día). Pero el premio es grande para quien cumple. Así, Apple alcanzó el billón de dólares de capitalización, la primera compañía en EE.UU. en quebrar dicho umbral. En el mundo, el pionero fue Petrochina en 2007. Hoy es una sombra, por debajo de los 140 mil millones. Otra señal que alentará a Trump a persistir en su saga.

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