Periodista: Powell nos apagó la música. El Dow Jones bajó 150 puntos después de que dijera que la Fed no tiene pensado un recorte de tasas. Y hoy (por ayer) derrapa otros 120. Lo interesante es que el banco central nunca afirmó que tenía una poda de tasas en carpeta.
Gordon Gekko: Lo contemplado -en el famoso mapa de puntos que publica la Fed- es una potencial suba de tasas de un cuarto de punto el año próximo.
P.: La baja fue siempre una aspiración de los mercados; ellos la concibieron, la vendieron y ahora que Powell la desestima, están rebobinando. ¿Hasta acá llegó el rally? Despeinó a los viejos récords, estrenó nuevas cumbres y ahora qué: ¿de vuelta a la madriguera?
G.G.: A la defensiva, a esperar el informe de empleo de mañana (por hoy). No sea cosa que aparezca una lectura muy robusta y clave el puñal de Powell más a fondo.
P.: ¿Cree que la Fed está ensayando un cambio de postura? La economía creció el 3,2%, y no hubo recesión. La Bolsa vuela, y no hubo mercado bear. ¿Por qué debería la Fed seguir sonando la sirena de su ambulancia?
G.G.: Lo que dijo Powell es que el banco central seguirá de brazos cruzados. No realizó ningún gesto agresivo.
P.: Señaló también que ve la merma de la inflación como un fenómeno transitorio. La última vez que la mencionó se refirió a ella como un desafío. Me parece que los mercados reaccionaron ante el cambio de matiz.
G.G.: Sobrerreaccionaron. El comentario de Powell es atinado. Vimos que el deflactor del gasto de consumo personal trepó 0,6% en el primer trimestre, pero hay otras mediciones de inflación -que no son las que prefiere la Fed pero no por ello son desdeñables- que reflejan aumentos de precios en torno a 2%.
P.: Los mercados están sensibles en exceso, me quiere decir.
G.G.: Da toda la impresión. Es lógico que la Fed decida no hacer nada, sentarse a esperar, que lo puede hacer porque ya tomó sus recaudos el año pasado.
P.: Piensa que el rally de las acciones puede estar influyendo…
G.G.: Se lo preguntaron a Powell y contestó que no. Le preguntaron por la presión del presidente Trump -que pidió una baja de tasas, sin pelos en la lengua- y respondió que la Fed es apolítica y no les presta oídos a los dichos de la Casa Blanca. Póngase en sus zapatos, ¿qué haría usted?
P.: No hacer nada es dar una muestra de independencia.
G.G.: Una muestra gratis. Es razonable que la Fed defienda su metro cuadrado, y la decisión que se tomó es trivial. Si además sirve para conservar la credibilidad a los ojos del público, ¡eureka!
P.: Eso sí, se resolvió bajar en 5 puntos base la retribución que abona la Fed sobre las reservas que capta de los bancos. Cayó de 2,40% a 2,35% (y se ubica a 15 puntos base de la tasa de referencia de los fed funds). ¿Es una limosma para los ansiosos?
G.G.: No, no. Powell también lo aclaró. No modifica el tenor de la política monetaria.
P.: Aquí no pasó nada, entonces. Sin embargo, la Bolsa se retrajo 300 puntos; la tasa corta subió fuerte -más de 10 puntos base-; trepó el dólar, y se hincó el oro. ¿Qué parte no entendieron?
G.G.: O ellos o nosotros. Hay quien lo acusa a Powell de comunicar mal, de causar un exabrupto con su referencia a lo temporario que sería la baja inflación. Yo diría que calavera no chilla. Nadie puede pretender que la Fed además de manejar el remolque, acuda en auxilio de cualquier hipótesis que sea popular y se pruebe exagerada.
P.: Quizás Powell sabe algo más que nosotros no sabemos todavía. ¿Un número de empleo muy vigoroso en abril? En Europa la lectura del PBI sorprendió por lo benigna. De hecho, se podría afirmar que Italia, créase o no, dejó atrás la recesión. Y la inflación alemana, que lucía muerta y sepultada, resucitó para anotar un avance de 2%.
G.G.: Usted se contesta solo. Si Powell lo que quiso hacer fue sacudir las ramas porque avizora una mejoría permanente de la actividad, dentro o fuera de los EE.UU., digamos entonces que fue muy gentil. Con esa evidencia en mano, pero no antes de tenerla, nos agradará saber que carece de prisa, no por bajar las tasas, sino por considerar subirlas.
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