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Ya quedaron en la historia
Los Pumas, fieles a su compromiso hacia ellos mismos, el juego y el país, intentaron hasta el último momento y no pudieron derrotar al segundo mejor equipo del mundo. Hubo razones técnicas pero hay una realidad insoslayable: cuando el rival juega mejor, a veces no se puede hacer mas que dar todo.
Pocas horas más tarde, mientras el país esperaba para saber qué había sucedido con las elecciones nacionales, ningún candidato imitó la comunicación positiva, certera y fiel a lo sucedido del equipo de rugby. Las felicitaciones al adversario fueron vacías de sentimiento, cargadas de metamensajes; quienes no consiguieron los objetivos planteados, buscaron razones o excusas en situaciones ajenas. A veces, en la vida como el deporte, se hace todo lo posible y eso no alcanza porque otro hace las cosas mejor.
Una de las muchas lecciones del rugby es justamente la de aceptar la derrota y la victoria con la misma actitud. Los Wallabies australianos reconocieron el amor propio de los argentinos y su festejo fue poco efusivo y se mostraron por demás amables con un grupo de jugadores anímicamente destrozados, con lágrimas en los ojos por el objetivo no alcanzado. Desde un abrazo hasta una mano para levantar al que estaba en el piso, este Mundial de rugby más allá de la semifinal en Twickenham, mostró un nivel de respeto entre los protagonistas que sí deberían imitar otros deportes. ¿Y por qué no la política?
Los Pumas no pudieron encontrarle la vuelta a un cerrojo defensivo impuesto por un gran equipo australiano, el único que pudo ganarle a los fabulosos All Blacks en los últimos dos años. Juegan un rugby de simpleza, objetivos bien claros y con jugadores de enorme nivel. El rugby moderno se define en la mayoría de los casos en las zonas de contacto, mas conocido como breakdown. Estas formaciones espontáneas que surgen en el tackle mayoritariamente requieren de gran velocidad de reacción de los dos principales involucrados -tackleador y tackleado- y de quienes llegan a disputar ese balón.
En ese aspecto, Australia tiene tal vez a los dos mejores jugadores en esa situación en Michael Hooper y David Pocock, expertos en recuperar balones gracias a su potencia y capacidad técnica. Ellos fueron claves en robar balones argentinos o tornar lento el ataque argentino.
Si hubo un área que definió que Los Pumas no estén en la final del Mundial de Inglaterra, fue ésa. Duele que no estén porque el equipo venía convencido de que tenía la calidad necesaria para superar este peldaño y jugar con los All Blacks el próximo sábado. Será ante los Springboks sudafricanos el viernes en busca de la medalla de bronce.
Ganen o pierdan, con la actitud hacia el juego, hacia la victoria y hacia la derrota, lo hecho por estos Pumas ya les asegura un gran lugar en la memoria colectiva deportiva.
(*) Desde Londres

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