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YPF inauguró la nueva jefatura de Diputados
Agustín Rossi tuvo premio por anticipado: sitial de honor en el palco de Cristina de Kirchner en el acto en Vélez. Julián Domínguez dejó claro que es el nuevo virrey de la Presidente en el Congreso.
Ese armado tenía, es obvio, un correlato en las bancas, donde los diputados de cada uno de esos grupos se unían para festejarse discursos, debates y hasta los cánticos que llegaban de los palcos. Todo en armonía en medio de un sutil e inestable equilibrio como el que lógicamente vive en el bloque kirchnerista hoy después del desembarco repentino de tantos grupos al mismo tiempo.
Y aunque desde lejos no se notara, Cristina de Kirchner eligió árbitro para evitar que no se desmadraran ni ese escenario, ni el que se vivía afuera, en la Plaza de los Congresos donde festejaban los mismos que ocuparon los palcos.
Fue el debut definitivo de Julián Domínguez en esas lides. Ese bonaerense que le pacificó a Cristina de Kirchner sus cuitas con las organizaciones del campo tras la guerra por la Resolución 125 mientras ocupó el Ministerio de Agricultura, ahora apareció como el árbitro mayor en Diputados y no sólo entre oficialismo y oposición, sino como garante de la paz dentro del propio kirchnerismo.
La postura personal de Domínguez desde que asumió en Diputados revela sin intención aparente de ocultamiento que el bonaerense mira las pequeñas reyertas del Congreso por encima, como quien está de paso hacia un objetivo superior. Esto no es novedad, como tampoco lo son las intenciones oficiales sobre su futuro en la provincia de Buenos Aires.
Pero sí lo fue la postura diplomática que tomó en el recinto. Fue Domínguez quien protegió de las agrupaciones kirchneristas a los aliados del Gobierno en esta votación que acompañaban en general y cuestionaban en particular. Mimó al radicalismo, a socialistas y hasta dialogó con macristas, mientras frenaba cualquier insulto que bajara de las barras oficialistas.
Frente a él apareció el peligro de una posición desdibujada para Agustín Rossi. El jefe del bloque oficialista había sido premiado en el acto de Vélez del 27 de abril con una primera fila en el escenario junto a la Presidente. Y la noche de YPF cerró el debate en medio de una ovación con abrazos y llantos de la bancada pocas veces vista. Y se retiró del recinto casi como un héroe. Fue el ejercicio más acabado de un equilibrio que al Gobierno no le será fácil mantener durante todo el año.


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