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Zaffaroni logra sillón en Costa Rica
Eugenio Zaffaroni y Horacio Rosatti
Parecen dos cuestiones aisladas, pero encierra un desafío sutil: tanto Rosatti como Rosenkrantz sostienen una línea de doctrina por la cual las sentencias de la Corte Interamericana no son vinculantes a la Justicia argentina y, por lo tanto, no tienen carácter de fallos señeros. Un concepto que tiene su leading case en Brasil, país que no otorga supremacía a las sentencias que se redactan en Costa Rica.
La jura de Zaffaroni (que llegó al tribunal internacional propuesto por el Gobierno anterior) tiene una carga política adicional porque entre el público asistente estarán la procuradora Alejandra Gils Carbó y la defensora general Stella Maris Martínez, dos figuras que el macrismo pretende acotar en sus funciones.
Zaffaroni no puede expedirse sobre cuestiones causas provenientes de la Argentina. Esto forma parte del reglamento de la Corte Interamericana. Sin embargo, la doctrina de este tribunal constituida a partir del total de los fallos actualmente es una fuente del Derecho para la Corte argentina. O sea, los votos de Zaffaroni en causas de Paraguay o Bolivia pueden incidir en la confección de las sentencias en Buenos Aires. Esto es precisamente lo que los candidatos del macrismo para la Corte rechazan.
Actualmente Ricardo Lorenzetti, Juan Carlos Maqueda y Elena Highton de Nolasco están a favor de seguir los fallos de la Corte Interamericana. De hecho, el único ministro de la composición reciente que se negaba a registrar esos fallos era Carlos Fayt. En el otro extremo se encontraba Enrique Petracchi, que revisó parte de su pensamiento en materia de Derecho Penal luego de que un fallo proveniente de Centroamérica dijera lo contrario al pensamiento del ministro.
Esta suerte de debate anticipado a la llegada de los candidatos del Gobierno a la Corte vendría a mostrar un primer panorama que exhibe la dinámica de dos potenciales ministros: figuras de fuerte carga académica, pero con una agenda decisiva de prelaciones políticas que afectarán de modo inexorable la vida diaria en el máximo tribunal.
Esta semana ya habrá una idea más sólida sobre hasta qué punto el PRO acertó o se equivocó al nominar al ticket Rosatti-Rosenkrantz por la vía del decreto sin pasar inicialmente por el Congreso.
La designación en comisión fue acompañada por una saga de cuestionamientos provenientes incluso de espacios políticos que no despliegan una oposición virulenta hacia la administración actual.
Superado ese estupor inicial y tras un encuentro con Lorenzetti, el Gobierno se apegó al reglamento de buscar el apoyo del Senado que por estas horas parecería un hecho. Cabe preguntarse si hubiera sido tan sencillo sin la embestida inicial. La senda del diálogo desde el minuto cero hubiera implicado consensuar los candidatos desde el comienzo y la nominación de Rosatti hubiera sido desplazada por un candidato no sólo identificado con el PJ por ideas o pasado, sino también con ese partido como terminal de poder.

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