8 de septiembre 2015 - 00:00

Zaffaroni revive el debate sobre el futuro de la Corte

Eugenio Zaffaroni, Ricardo Gil Lavedra y Ricardo Lorenzetti
Eugenio Zaffaroni, Ricardo Gil Lavedra y Ricardo Lorenzetti
La Biblioteca Nacional será mañana el escenario en el cual la corriente Justicia Legítima discutirá sobre el destino de la Corte Suprema, el Consejo de la Magistratura y los avatares más sensibles que vinculan a la política con el ámbito de los tribunales. El orador principal será Eugenio Zaffaroni, exjuez de la Corte y que en su momento fue el justice más cercano al kirchnerismo.

Nombrado recientemente en la Corte Interamericana, Zaffaroni propone diversas líneas de discusión; la más taquillera, por supuesto, es la referida a la naturaleza del máximo tribunal y su funcionalidad. Estará acompañado en el escenario por el camarista de la Casación Alejandro Slokar.

Un giro atractivo en pleno clima de campaña porque los candidatos con mayores chances de cara a noviembre comienzan a mostrarse cada vez más propensos a innovaciones de distinto tipo en caso de alzarse con un triunfo. De ahí que no sorprenda que el pasado viernes en un congreso de fiscales organizado en Santa Fe, Ricardo Gil Lavedra, que tiene un discurso muy similar al de Ricardo Lorenzetti, deslizara que según su visión la Corte debiera tener siete integrantes.

Dato para registrar, porque en caso de una eventual presidencia de Mauricio Macri los radicales ambicionan desembarcar en la cartera de Justicia.

El discurso de Zaffaroni irá más allá de la aritmética y las mayorías. Se explayará sobre los alcances del tribunal, especialmente en materia de superintendencia y de control presupuestario.

Con vistas a la letra de la Constitución, recordará que el fin de la Corte está más vinculado a ser un tribunal que emita fallos directrices que a tener el rol protagónico del presente. Éste es un punto de colisión ineludible con otros sectores del Poder Judicial que prefieren una Corte fuerte como contrapeso del poder político, especialmente cuando ese poder, como es el caso del kirchnerismo, plantea una agenda disruptiva respecto de los magistrados.

Esta discusión aborda perfiles más técnicos cuando se ahonda sobre las capacidades de la Corte y de los jueces en general. Se trata de un avatar omnipresente. Actualmente en la Casación Penal federal se desarrolla una dura interna por un conjuez cuya designación ha sido revocada por una cámara, pero que aún sigue firmando expedientes. El llamado "imperium" de los magistrados es un asunto sensible para la nueva administración y de amplia repercusión en el sector empresarial, donde resulta inaceptable que ciertas sentencias de la Corte sean ignoradas por otros poderes y queden sólo en la letra de sus fallos.

El Consejo de la Magistratura también merecerá un comentario mañana en la Biblioteca. Se ha extendido la noción a lo largo del arco político de que el cuerpo colegiado se ha transformado en un obstáculo que está todavía muy lejos de cumplir las premisas reservadas por la Constitución. Ya la discusión no es tanto por la composición del organismo, como fue en los primeros años del kirchnerismo, sino por el alcance de sus atribuciones.

Pendientes

En ese sentido se debe seguir de cerca lo que se diga en la Biblioteca porque el kirchnerismo se encamina a dejar el Gobierno con dos cuestiones pendientes de resolución: el reparto del presupuesto judicial entre la Corte y la Magistratura y su superintendencia. Son dos aspectos que han motivado cruces con Lorenzetti y que tienen hándicap en un sector del oficialismo que espera algún tipo de giro en las semanas previas al 10 de diciembre haya o no una segunda vuelta en las presidenciales.

La instalación de estos debates irá in crescendo y se impondrá en diversos escenarios, desde la Biblioteca Nacional hasta los desayunos que organiza el foro empresarial de ACDE o los encuentros de las últimas semanas en distintas universidades privadas. En todos los casos el Poder Judicial es la terminal de numerosos debates que tienen por objeto sentar diversas posiciones para la próxima administración. Más allá de las ideologías de las diversas convocatorias, el diagnóstico del estado actual es desolador y plantea desafíos concretos al próximo presidente.