22 de septiembre 2009 - 00:00

Zelaya llegó a Honduras y fuerza giro en la crisis

Manuel Zelaya encuentra a asesores y miembros de su gabinete en oficinas de la Embajada de Brasil (izquierda). No bien corrió la versión de su regreso, sus seguidores se volcaron a las calles de Tegucigalpa (derecha). El Gobierno de facto trató de negar el retorno del mandatario depuesto hasta que no quedó otra opción que admitirlo.
Manuel Zelaya encuentra a asesores y miembros de su gabinete en oficinas de la Embajada de Brasil (izquierda). No bien corrió la versión de su regreso, sus seguidores se volcaron a las calles de Tegucigalpa (derecha). El Gobierno de facto trató de negar el retorno del mandatario depuesto hasta que no quedó otra opción que admitirlo.
Tegucigalpa - Cuando el golpe de Estado parecía consolidado rumbo a las elecciones convocadas para el 29 de noviembre, el derrocado presidente de Honduras, Manuel Zelaya, regresó sorpresivamente a Tegucigalpa y logró burlar la amenaza de detención al alojarse en la Embajada de Brasil. Ello provocó un fuerte impacto en el Gobierno de facto, que, tras admitir el retorno de Zelaya, decretó el toque de queda en todo el país.

Zelaya fue depuesto hace casi tres meses y expulsado del país a punta de pistola y en pijama hacia Costa Rica. Desde entonces había intentado volver a través de negociaciones diplomáticas que naufragaron e incluso cruzando brevemente la frontera desde Nicaragua.

«Soy el presidente legítimo electo por el pueblo y por eso vine aquí», aseveró Zelaya vía telefónica desde la sede diplomática donde se encontraba refugiado. «Vengo a ayudar a mi país y a mi pueblo y mi presencia aquí es para esto», subrayó.

El periplo fue «muy largo, sucedió como en 15 horas», continuó. «Se tuvieron que realizar diferentes movimientos que se hicieron en varios países, se tuvo que cambiar de transportes, hacer planificaciones para poder evadir retenes militares, postas policiales y los círculos de control que existen», dijo Zelaya, quien se había establecido en Nicaragua durante su exilio.

A las puertas de la embajada en Tegucigalpa, miles de seguidores de Zelaya se reunieron, algunos parados en autos, otros en techos o trepados en árboles. «Sí se pudo, sí se pudo», «fuera los golpistas», gritaban manifestantes, a quienes fuerzas de seguridad intentaron dispersar con carros hidrantes, según testigos.

Zelaya fue expulsado del país el mismo día en que pretendía realizar una consulta popular que abriera paso a la reelección presidencial, algo visto por sus detractores como una muestra de la influencia en Honduras de su aliado venezolano, Hugo Chávez.

La noticia de su presencia en Tegucigalpa tomó por sorpresa al presidente de facto, Roberto Micheletti, quien negó que Zelaya estuviera en el país, cuando fue consultado por los periodistas en la Casa Presidencial. «No es cierto, él está en una suite en un hotel de Nicaragua», dijo Micheletti, afirmando que los medios informaron que Zelaya estaba en Honduras; «están cometiendo terrorismo mediático».

Sin embargo, horas después los canales de televisión difundieron imágenes de Zelaya en la terraza de la embajada saludando a sus seguidores e informaron que el Gobierno había decretado un toque de queda por 15 horas. Zelaya no precisó las razones por las que se refugió en la Embajada de Brasil ni tampoco cuánto tiempo permanecería allí para evitar ser arrestado por el Gobierno del presidente interino Roberto Micheletti. «El miedo no lo conozco todavía. En mis 57 años no ha aparecido esta enfermedad», dijo Zelaya.

Horas después, Micheletti pidió al Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva que entregue al mandatario constitucional. «Los ojos del mundo están puestos sobre Brasil y sobre Honduras», aseveró.

«No queda claro por qué regresó a Honduras el señor Zelaya», dijo Micheletti, quien opinó que el presidente depuesto lo hizo «para continuar obstaculizando nuestras elecciones el próximo 29 de noviembre».

Lejos de obedecer la orden, la Cancillería de Brasil responsabilizó a los golpistas por la seguridad de su embajada y la vida de quienes allí se encuentren.

Por su parte, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, pidió «calma» a los actores involucrados en el conflicto. En un sentido similar se pronunció Estados Unidos, a través del vocero del Departamento de Estado, Ian Kelly, quien instó a la «moderación» y a evitar cualquier acto que pueda derivar en violencia a causa del inesperado arribo del mandatario. Al cierre de esta edición, la secretaria de Estado Hillary Clinton afirmó que el retorno de Zelaya es una oportunidad para terminar crisis.

El depuesto gobernante hondureño debía hablar mañana por la tarde en la sede de Naciones Unidas en Nueva York durante su Asamblea General. Sin embargo, el lugar será ocupado por su canciller Patricia Rodas.

Agencias Reuters, EFE, AFP, ANSA y DPA

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