Zelaya no pudo aterrizar en Tegucigalpa. Hay dos muertos

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Tegucigalpa - Honduras atravesó ayer una de las jornadas más dramáticas y violentas desde el golpe de Estado que derrocó al presidente Manuel Zelaya el pasado 28 de junio. El mandatario partió en un avión venezolano desde Washington con destino a Tegucigalpa, pero debió dirigirse a Managua porque el Gobierno de facto había bloqueado la pista de aterrizaje. «Íbamos a ser interceptados por aviones de la fuerza aérea», afirmó el depuesto mandatario en pleno vuelo. En tierra, miles de sus seguidores eran reprimidos por la Policía, en choques que se saldaron con dos muertos y decenas de heridos.

Zelaya intentó retornar a Honduras, a pesar de la prohibición impartida por el Gobierno de facto que encabeza Roberto Micheletti, que paradójicamente también solicitó su captura internacional. «Estoy haciendo todo lo que tengo que hacer con los pilotos y ellos están haciendo lo que tienen que hacer» para aterrizar, había dicho Zelaya antes de desistir en el intento. Y agregó: «Si tuviera un paracaídas, inmediatamente me lanzaba de este avión».

En declaraciones al canal de televisión venezolano Telesur, Zelaya afirmó se dirigía «sin armas y pacíficamente a dialogar», y pidió al general Romeo Vásquez que «retenga la masacre» al ser informado de la cadena de disparos.

Zelaya, en comunicación desde el avión, dijo que Vásquez «está casado con una buena mujer» y que fue «amigo suyo durante años», para luego exhortarlo a «que no destruya a su pueblo y a su familia». «El pueblo está en las calles. Retenga a esas tropas, general. Retenga esa masacre», manifestó.

Tras el fallido intento de retorno, el avión de Zelaya se dirigió a Managua, Nicaragua. Tenemos que «entrar al país, si no se puede ahora, lo haremos mañana, o pasado», insistió el presidente en territorio nicaragüense, lamentando que sus seguidores «no hayan podido romper el cerco militar», lo cual hubiera permitido despejar la pista. En las imágenes que emitió en directo Telesur se pudo observar vehículos militares y numerosos soldados ubicados en las pistas. «Es una barbarie lo que hay aquí en Honduras, yo lo denuncio ante la comunidad internacional», sostuvo tras retomar su camino fuera del espacio aéreo hondureño, pidiendo luego que algún país o institución internacional «ponga orden» para revertir la crisis. «A partir de mañana la responsabilidad cae sobre las potencias, especialmente Estados Unidos» para tomar «acciones inmediatas contra el régimen golpista», afirmó.

Alrededor de 100.000 personas peregrinaron al aeropuerto, pero no bien se hizo visible el avión que transportaba a Zelaya, comenzó la represión. Entre algunos manifestantes se vio a funcionarios del Gobierno constitucional, como el ministro de Cultura, Artes y Deportes, Rodolfo Pastor.

Dos manifestantes murieron por los disparos y decenas resultaron heridos. Se trató de las primeras víctimas fatales tras una semana de protestas por el derrocamiento de Zelaya, quien fue desterrado del país a punta de rifle por militares el domingo 28 de junio. Decenas de personas deambulaban por la zona con los ojos enrojecidos por los gases lacrimógenos que habían arrojado las fuerzas de seguridad.

El Gobierno de facto había reiterado a lo largo del día que prohibiría el aterrizaje de cualquier avión que llevara a Zalaya. «Aquí no se ha derramado una gota de sangre de ningún hondureño y esto podría tener como consecuencia eso», dijo Micheletti en conferencia de prensa. «A mí no me va a presionar nadie, yo he llegado aquí por sucesión institucional», afirmó.

Por su parte, funcionarios del Departamento de Estado norteamericano aseguraron que Zelaya volvería en breve a Washington. A su vez, en una conferencia de prensa difundida en directo por la cadena nacional de radio y televisión, la vicecanciller del gobierno de facto, Martha Alvarado, propuso a la OEA abrir «un diálogo de buena fe».

El secretario general de las OEA, José Miguel Insulza, pasó por Tegucigalpa el viernes, donde mantuvo fuertes choques con miembros de la Corte Suprema y el Ministerio público, entre las instituciones que apoyaron la destitución de Zelaya.

Sin embargo, Alvarado aseguró ayer que el Gobierno de Micheletti ahora «está en la disposición de designar una delegación, con el fin de conducir conversaciones de buena fe con una misión de representantes de estados miembros de la organización, acompañados de representantes de la secretaría general» de la OEA.

Al ser suspendida de esta organización, Honduras se expone a empezar a sufrir los efectos del congelamiento de la financiación externa y, entre otras cosas, el mantenimiento de la suspensión de la cooperación militar con Estados Unidos.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA

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