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Zona liberada para Wall Street (hasta el viernes)
Las pruebas están a la vista. La teoría de Charles Dow ondea la bandera verde al tope del mástil. Todos los índices con el sello Dow Jones escalaron a lo más alto desde que comenzó el rally. A saber, el promedio industrial, el que corresponde al Transporte (con un petróleo WTI que supera los u$s 113 por barril), el de las compañías de servicios públicos y, por ende, también el Composite que los agrupa a todos. Los astros están alineados como pocas veces. Los índices S&P 500, Nasdaq y Russell 2000 -o sea las acciones de las empresas más grandes y también de las más chicas- alcanzaron nuevas cimas. El Nasdaq cotiza mejor que antes que se esbozara la crisis. Su récord flamante es la cumbre de los últimos diez años. El Russell 2000 nunca en su historia llegó tan alto.
Desde febrero el sino era matar o morir. El rally peleó contra viento y marea. De más está decir que no escasearon calamidades: Gadafi y la guerra civil en Libia, la tragedia del tsunami japonés y de las radiaciones en Fuku-shima, las desventuras de Portugal y de Grecia, la suba de tasas del Banco Central Europeo, el ajuste en China, las matanzas en Siria. El dólar se desploma todos los días, el petróleo se desbocó, otra vez se vislumbra inflación. Parecería que rige aquello de que lo que no mata fortalece. ¿O cómo se explica esta tenacidad que no sólo resiste los males sino que aborda nuevas conquistas? En verdad, no todo son desgracias. Una economía decente, pese a los contratiempos, yace detrás de la fortaleza de los balances.
Por fortuna, los problemas crediticios que aún agobian a los hogares y a los intermediarios financieros no urgen a las empresas (que se ajustaron con pasmosa rapidez y, tras ralentizar sus proyectos de inversión, están sentadas sobre montañas de efectivo). Al ritmo que proyectan los balances, las ganancias por acción del S&P 500 crecen al 16% anual. La actividad de fusiones y adquisiciones de compañías marcha viento en popa y transmite la impresión, cierta o no, de que los que conocen los negocios por dentro ven un caudal creciente de oportunidades. Los anuncios de recompras de acciones, que están a la orden del día, parecen corroborarlo.
Eso no es lo único: la Bolsa contó con la ayuda de aliados poderosos. La Fed le cuidó las espaldas en todo momento. Y Ben Bernanke no tiene empacho en denegar cualquier cambio de rumbo. Pero sin el aporte solidario de los bonos del Tesoro, sus verdaderos socios del silencio, tampoco se hubiera llegado lejos. ¿Qué hubiese pasado de no mediar su templanza cuando S&P rebajó la perspectiva crediticia de la deuda soberana de los EE.UU.? Los bonos tampoco se estremecieron con el tobogán del dólar. Ni con el encarecimiento del petróleo y de las materias primas, ni con las alertas retóricas por la inflación. Todo lo contrario. Las dos últimas semanas la baja sostenida de las tasas largas (-4%) potencia el avance de la Bolsa (+4%) como si fuera la visión en espejo de un arco que se tensa al disparar la flecha.
En lo que va de 2011 el Dow Jones subió más del 10%. El Russell 2000, otro tanto. El S&P 500 y el Nasdaq superan el 8%. Y el rally viene de lejos. Su última pierna, la que echó a andar cuando la Fed insinuó la segunda vuelta del relajamiento cuantitativo (QE2), acumula desde septiembre un recorrido de casi el 30%. Medido desde marzo de 2009, cuando se produjo el milagro de la resurrección después de Lehman, el índice S&P 500 duplicó sus cotizaciones. Nadie debe engañarse, pues, por este renovado estallido de vigor. El rally no está en pañales. No empezó ayer. Sabe de conquistas, pero a la manera de un galán maduro. No podrá mantener la lógica de avanzar como una exhalación. Tarde o temprano necesitará tomarse respiro. O guarecerse en un repliegue.
De más está decir que el reloj le juega en contra: la estacionalidad, el final anunciado del QE2, el mensaje último que encierra la paz de las tasas largas. O la pulseada abierta con el petróleo cuyos precios en ascenso son una tenaz erosión. No obstante, en el cortísimo plazo, superado el examen de cruzar el Rubicón, el terreno está libre de obstáculos. ¿El primer escollo? El informe laboral de abril que se conocerá este viernes. Las últimas lecturas de los pedidos de subsidios por desempleo no fueron buenas y volvieron a encaramarse sobre el umbral de los 400 mil trámites. ¿Se enfrió el mercado de trabajo en EE.UU.? Una respuesta afirmativa no hará descarrilar la suba, pero puede devolvernos a la senda agitada de los tropiezos.

