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Zulema Maza: belleza y heterogeneidad en tres rostros de mujer
Las tres jóvenes de Zulema Maza rezan, sueñan, levitan cubiertas con velos, con máscaras, con un pájaro, con un abanico, con canciones en quechua, guaraní y aymará.
Comenzó a ahondar el tema de la mujer en obras clave de la historia del arte. Utilizó la transferencia fotográfica al papel modificada con grafito para presentar, más adelante, una imagen femenina seriada que se destacó por su transparencia y sutileza.
"Tres Fronteras", su muestra actual en el Centro Cultural Recoleta, tiene como protagonistas a tres mujeres jóvenes: Esteffany, nacida en Perú, Nadia en Paraguay y Delfina en la Argentina. Según el recordado Carlos Espartaco, que llegó a escribir el texto "Observando de cerca" para el libro-catálogo de la muestra, "ésta adquiere el aire de una documentación etnológica o de una introducción a una etnología fotográfica cuyos raptos episódicos están representados en diversos circuitos que se entrelazan".
Las tres viven en la Argentina. Esteffany y Nadia llegaron con las recientes migraciones, y Delfina es tercera generación de nacidos en la Argentina. Esteffany estudia en la Universidad y está feliz de haber venido a este país, según Julio Sánchez autor de otro de los textos, "como muchos que siguen llegando a este paraíso ausente". Esteffany dice: "Aquí se vive mejor, es más lindo". Nadia llegó a los 12 años con su madre y hermano menor. Estudia en un colegio en los suburbios de Buenos Aires y recuerda a su abuela y otros hermanos que quedaron en Paraguay.
Delfina es descendiente de italianos, sus bisabuelos vinieron de Génova, se radicaron en Misiones, aprendió guaraní y su abuela le contó historias de la selva, del yaguareté, del Matto Grosso. Las plantaciones de pinos y aserraderos creadas con tanto esfuerzo fueron arrasadas por una de las tantas crisis económicas de nuestro país, en este caso, por el Rodrigazo. Delfina tiene, como lo señala Maza, "Europa y la selva en su ADN".
La artista las presenta como son: bellas, jóvenes, con sus rasgos característicos, morenas, ojos negros, profundos, inmensos, u ojos celestes y diáfanos, tez casi transparente. Rezan, sueñan, levitan cubiertas con velos, con máscaras, con un pájaro, con un abanico. Con canciones en quechua, guaraní, y aymará que hablan del llanto, de la tristeza, del viento, de las montañas.
Maza exalta su dignidad, sus realidades diversas, sus historias pasadas, interroga sobre su identidad. Pero lo hace sin entrar en absurdas polémicas acerca de la América europea o indígena. Todo eso forma parte de la historia.
Más allá de las consideraciones y preocupaciones de Maza sobre cuestiones de integración e identidad, estas mujeres son la imagen de lo femenino, casi elevadas al status de diosas. Blanco intenso, negro purísimo, composiciones muy conmovedoras, una fotografía con contenido, que confirma aquella frase de Susan Sontag: "la fotografía pregona y (crea) nuevas ambiciones para las artes". (Clausura el 3 de agosto).
Fundación Osde
Hasta el 12 de julio se presenta en las salitas del Espacio de Arte de la Fundación Osde la intervención de José Luis Tuñón (Río Gallegos, 1955). Este artista vive desde 1984 en Comodoro Rivadavia donde realiza su labor artística y ejerce su profesión como psicoanalista. Hacia 1888, Edgar Degas presentó una exposición en la galería de Theo Van Gogh que marcó un antes y un después en la historia del desnudo. Las mujeres no posaban como ante un auditorio sino que las mostraba vistiéndose, desvistiéndose, bañándose, secándose. "Estas mujeres mías son honestas, casi campesinas...", "aquí hay una lavándose los pies...es como si uno mirara por el ojo de la cerradura".
Es quizás este período el que inspiró a Tuñón para "La ranura", título de la intervención. En una de las salitas hay un fuentón de metal en el que se han calado ranuras que dibujan el contorno de las bañistas proyectando un sutil juego de luz y sombras sobre las paredes. En la otra, una bañista en yeso está en una tina de latón, logrando una figura potente aumentada por el valor de la luz. Se debería entrar en puntas de pie para evitar el más mínimo ruido que pudiera interrumpir tan íntimo y oculto momento.
En la vidriera de la entrada de la misma Fundación Osde, Irene Banchero ( Buenos Aires, 1955) ha instalado una fuente. Una artista cuya temática está referida al paisaje, a espacios con agua, vasijas, recipientes de formas leves que se reflejan en espejos. Con este nuevo espacio expositivo se intenta vincular al transeúnte con el espacio privado. Una manera casual de encontrarse con un hecho artístico que lo invite a detenerse aunque sea por algunos instantes. (Suipacha 658).


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