Cuando el golpe encabezado por Pinochet bombardea la Casa de Gobierno y la de Salvador Allende, un chico presencia cómo un piloto desobedece las órdenes y ametralla el hospital de la Fuerza Aérea. Ese chico, que quedó traumado por el hecho, cuando advierte que se lo ocultó, decide contarlo en “Una historia perdida” (Tusquets) novela de no ficción del periodista y narrador chileno Juan Pablo Meneses. En su visita a Buenos Aires dialogamos con él.
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El golpe de Pinochet como un trauma infantil
Diálogo con el narrador chileno Juan Pablo Meneses, que en “Una historia perdida” recrea el recuerdo del bombardeo de un piloto rebelde al dictador.
Periodista: Su novela trata de un trauma infantil y un trauma nacional, el bombardeo a la Casa de Gobierno.
Juan Pablo Meneses: A medida que escribía comprendí que debajo de una anécdota familiar había un trauma, el de un niño al que el padre le dice no te asomes porque te cae una bomba. Abre la puerta y cae una bomba. Paralelamente aparece el trauma del país. No lo hice conscientemente. Solo quería contar una buena historia, pero lo que ocurrió el 11 de septiembre de 1973 en Chile fue creciendo. Y el trauma de Pablo, el niño protagonista, termina yendo en paralelo con los traumas del país. Los hechos nacionales marcan vidas, historias íntimas.
P.: ¿Es una no ficción o una ficción especulativa del golpe de Estado de Pinochet?
J.P.M.: Es una novela sin apellido. Una ficción protagonizada por un autor de no ficción que trata de hacer una novela de no ficción dentro de la novela.
P.: La historia de Mandril, el piloto que se rebela contra el golpe, ¿es pura ficción?
J.P.M.: Es una historia que corre. Chile es un país donde no hay verdades sino versiones. Sobre el bombardeo de Mandril al Hospital de la Fuerza Aérea, cuando se bombardeaba el Palacio de la Moneda y la casa de Salvador Allende, hay cuatro versiones. Tres libros dicen dar la versión definitiva. Faltaba la de “Una historia perdida”, que es la que corre en los pasillos de la Fuerza Aérea, la del piloto que se dio vuelta en medio del combate. Se nos vendió que fue una operación militar perfecta. En Chile cuando se menciona a Mandril se agrega: el traidor, la mayoría sigue el relato oficial, pero para algunos que haya habido uno que se opuso altera ese hecho terrible. Afuera, me preguntan: ¿así que hubo uno que era leal a la democracia?
P.: ¿Por qué tantas versiones distintas?
J.P.M.: Porque lo que se cuenta no tiene lógica, y nos lo tragamos. La versión de un ex general, que publicó una memoria del hecho, es que el bombardeo al hospital fue un error de un joven inexperto. Otra, que fue un aviador extranjero. Otra, que era el hijo del Comandante en Jefe. El artista Patricio Manns decía que los pilotos del ataque hicieron ejercicios previos en Mendoza con instructores americanos.
P.: ¿Qué pasó en Chile con su libro?
J.P.M.: Chile vive un momento que no se puede creer. Se va a tener que elegir entre una constitución de un Pinochet moderado o uno extremo. Pareciera que se eligió volver a la conducta clientelar. El bombardeo inició una operación ideológica que instaló el consumismo a nivel de laboratorio experimental. Mi novela tuvo variadas repercusiones. Me llamaron oficiales de la Fuerza Aérea para darme más datos del bombardeo y de otros casos. Otro hecho: la Fuerza Aérea ha empezado a desmontar los aviones que bombardearon, que estaban puestos como trofeos en distintas plazas a lo largo de Chile. Dicen que fue por el libro, pero la novela no reclama eso. Es el poder de la literatura lograr que la gente entienda las cosas de otro modo.
P.: ¿No cree que el bombardeo a la Casa de la Moneda tomó como modelo el que en 1955 hicieron a la Casa Rosada buscando matar a Perón?
J.P.M.: Lo menciono en el libro, es posible que haya sido un modelo. Hablé mucho sobre eso con Tomás Eloy Martínez. Fui relator de su último taller en la Fundación García Márquez. También menciono a Walsh. Son autores que terminaron fijando un canon.
P.: En su novela resuenan las extraordinarias “Estrella distante” y “Llamadas telefónicas” de Roberto Bolaño…
J.P.M.: En “Una historia perdida” un piloto muy lector le dice al que se dio vuelta en el operativo: tú podrías ser el protagonista de “Estrella distante”, y le pasa el libro. La posición de Bolaño con Chile siempre fue muy radical. Yo lo entiendo como un autor enteramente latinoamericano. Es chileno, porteño, mexicano, español. Eso no es nuevo en autores latinoamericanos. Bolaño cruza la belleza y el horror con maestría. Hay algo de arrojo y horror en esos aviadores que bombardearon y que, a partir de ahí, perdieron su nombre.
P.: ¿Cómo es eso?
J.P.M.: La otra vez salió un familiar de forma anónima mostrando orgulloso las condecoraciones que recibió su padre por bombardear La Moneda y la casa de Allende. Pero no pudo decir el nombre de su padre ni quién es él. Es un orgullo secreto. Terminaron siendo proscritos. Pensaban que los iban a matar, que iban a sufrir un atentado, y así fueron muriendo, mordiéndose. Van a quedar en meras versiones. Eso también da para una novela.
P.: ¿Es la que piensa escribir ahora?
J.P.M.: No, pero hay algo de eso. La nueva novela es una contra narrativa, cuenta la historia del bombardeo, pero desde otro ángulo, con una nueva versión, con otros datos, con una nueva historia. Es algo que tiene que ver con el mito del Che Guevara. Surgió de gente de las Fuerzas Armadas que leyó “Una historia perdida” y me buscó para contarme cosas. Chile fue el primer país donde se instaló una estatua de Guevara, que tenía diez metros de altura. La inauguró el gobierno de Allende y después del golpe la hicieron desaparecer. Una de esas personas que me contactaron, me dijo: yo sé dónde está ese monumento. Ese dato es el punto de partida para visitar un nombre que una generación parece desconocer, y es una figura que no deja de volver con lecturas variadas, diferentes.


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