8 de noviembre 2022 - 00:04

El pivote no importa. La Fed sube las tasas y hace camino al andar

El gran jefe, Jerome Powell, a fines de agosto, definió el mantra actual de la política monetaria: tasas más altas y por más tiempo. Y no mudó de planes. O, más bien, sí. Se debe trepar todavía a mayores alturas. La tasa llegó ya a 4% y no alcanza.

Jerome Powell

Jerome Powell

No hay viraje de la Fed. El espíritu agresivo de Jackson Hole sigue en vigencia. El gran jefe, Jerome Powell, a fines de agosto, definió el mantra actual de la política monetaria: tasas más altas y por más tiempo. Y no mudó de planes. O, más bien, sí. Se debe trepar todavía a mayores alturas. La tasa llegó ya a 4% y no alcanza. En las proyecciones oficiales de septiembre, el nivel terminal previsto rondaba 4,60%. Eso es lo importante en discusión, dijo Powell. Con la información que fluyó desde entonces, la Fed piensa que se quedó corta. Irá por más. ¿A 5%, quizás? Powell no dio números (se publicarán con el “mapa de puntos” en diciembre). Los futuros de Chicago dicen 5,25% pero arriesgan hasta 5,50%, con probabilidad superior a 30% hacia mayo o junio del año próximo.

¿Y el peligro de provocar un accidente? Con una inflación recalcitrante, la suba de tasas se empina y las perspectivas de un aterrizaje suave son cada vez “más angostas”. No obstante, la inflación es la prioridad absoluta. La Fed machacará hasta cumplir con su trabajo. El banco central es como la mujer del César. Debe ser inflexible y debe parecerlo. Después de todo, la inflación le resulta infiel pero las expectativas de inflación, no, y le prestan enorme ayuda en su tarea de recuperar la estabilidad perdida (con el menor trauma posible). A la par, contra todos los pronósticos, la economía resiste. ¿Cómo hizo para crear 261 mil nuevos puestos de trabajo en octubre con el viento de frente? La recesión anunciada continúa en lista de espera. Y los informes de tránsito tampoco registran una colisión en los mercados financieros, aunque la vorágine les resulte esquiva. Nos aguarda pues más de lo mismo: más tasa, más tiempo, más peligros.

Todo el bullicio por el “pivote” se refiere al debate por un accesorio. Es apenas una distracción. El banco central gatilló seis subas de tasa desde marzo. Las cuatro últimas fueron calibre 75 puntos base (pbs). Es posible que en diciembre, la octava y final reunión de un año hiperactivo, se decida achicarlo a 50 bps. O sea, la Fed podría pivotear del talle XXL a XL pero no se relajará en su faena. Un aumento de tasa es una suba, por mayor o menor que sea. Powell se ocupó de refutar cualquier idea de un recreo cercano. “Es muy prematuro pensar en una pausa”, sentenció. En otras palabras, la Fed todavía corre de atrás a la inflación y no puede fallar ni darse esos lujos.

Caminante, no hay camino. La Fed hace camino al andar. Después de Jackson Hole, la data obliga a alargar aún más el viaje. No hay viraje a la vista. Que la inflación subyacente trepara un cambio en su marcha, en paralelo con las mermas de precios de la energía, la vivienda y los commodities en general, no estaba en los cálculos. Se debe pelear con el componente más rígido de la inflación, el que no aflojó ante la suba incesante de tasas y el auge del dólar en el mundo, sino que despertó de una modorra de años y descubre su poder de fijar precios y ensanchar márgenes. Son los servicios, pero no solamente los servicios. En los balances de Coca-Cola y Pepsico constan múltiples ítems de consumo cotidiano con aumentos de precios interanuales de dos dígitos que el consumidor paga sin chistar.¿Recalculando? Si la Bolsa resucitó en octubre pensando en el “pivote” de la Fed, el rally se montó en una vía muerta. No existe un cambio de rumbo inminente sino una profundización. Las tasas cortas no tienen techo todavía como lo ratifica el escalón más elevado que estrenó la nota del Tesoro de dos años cerca de 4,80%. Así, las tasas largas quedan peligrosamente a la intemperie. Pero los flujos de fondos hacia las acciones comenzaron mucho antes de esa especulación. Y se mantuvieron cuando los bonos perdieron la brújula después del fiasco de Liz Truss en Gran Bretaña y los temores por la eventual merma de su liquidez. Una banca central obsesionada por doblegar la inflación plantea un camino cuesta arriba pero también es un activo valioso si resulta creíble. Cuando logre mostrar evidencia de su éxito, la Bolsa sabrá recompensarlo con creces. Dará ahí un salto súbito y muy generoso. Habrá que estar invertido de antemano para poder sacarle provecho pleno. Ese posicionamiento anticipado, cuando el cash y el pesimismo abundan en las carteras, tiene la llave de la suerte de la Bolsa en el corto plazo. No lo perturbará el resultado de las elecciones (de hoy) y rema en contra de la corriente de la inflación. A la espera del primer atisbo favorable.

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