Opiniones

¿En $58 por dólar está bien o falta?

Con el estabilidad volvió el debate. La gente se pregunta si el dólar está en su correcto valor.

El debate sobre el valor del peso frente al dólar vuelve a cobrar protagonismo, en solo nueve jornadas de estabilidad.

En un contexto en el cual la divisa detuvo su rally alcista, mediante declaraciones de Alberto Fernández, venta de dólares, y 75% para las LELIQ; la tasa de inflación sigue siendo altísima. Por eso es natural que el valor del dólar genere inquietud. No se puede sostener durante mucho tiempo más la tasa de LELIQ, ni la venta de dólares.

Para tener una idea de cuanto se había apreciado el peso o atrasado el tipo de cambio en los últimos tiempos no bastaba con señalar el estancamiento desde octubre o los términos multilaterales.

¿El peso se encuentra hoy bien en $57,50 por dólar? ¿Está mejor o peor que cuándo? Esto no es lo único que debemos contestar, pero es importante. ¿Podemos decir que la serie desde 1960 o 1980 -excluidos los picos- es una buena referencia, por si misma?¿Podemos explicar que los picos de devaluación de 1975, 1989, 2002 son el escenario más aproximado al actual o constituye una amenaza futura? ¿Es razonable pensar que en términos bilaterales-con relación al dólar-, hoy la Argentina debería tener el mismo tipo de cambio real que tenía al final de la Convertibilidad, que era un tipo de cambio súper apreciado? ¿Llegaremos al dólar Alfonsín antes de la entrega del mando, o después-un tipo de cambio súper alto? ¿Esta notable devaluación del peso actúa como un subsidio a la exportación? La respuesta es NO. Las exportaciones no han movido la aguja de la balanza comercial.

¿En cuánto ha disminuido el gasto en turismo de los residentes argentinos en el exterior? ¿Alcanza? ¿Este tipo de cambio, constituye un freno a la importación suntuaria, o lo que se aplaca es la importación que responde a la raquítica actividad productiva?

¿Con un tipo de cambio que flota entre bandas, el valor de la divisa depende de la oferta y demanda de dólares? ¿Es que ya no influyen las expectativas de los agentes sobre cuál va a ser el valor futuro del dólar, después de los próximos cien días, donde la inflación va a generar un natural pass through?

Lo cierto es que la política macroeconómica elegida por el actual presidente Macri-no el primer Macri-, se basa en una política -ahora con reducción del déficit fiscal- sin financiamiento externo, con política monetaria hipercontractiva, que implica que el BCRA debe mantener tasas de interés reales positivas extravagantes para que los pesos no huyan al dólar y la inflación no estalle.

La realidad es que la configuración macroeconómica referida lleva inexorablemente a una futura depreciación del peso, a menos que haya una decreciente acumulación de activos externos del sector privado no financiero-fuga de capitales-, o se interrumpa abruptamente la demanda de dólares de la cuenta capital. Dicho de otro modo, la apreciación del peso “pre PASO”, o atraso del tipo de cambio real, fue un fenómeno endógeno consecuencia de la estrategia macroeconómica elegida por el gobierno.

Desde 2015 muchos estábamos preocupados, pero desde junio de 2018 nos tiene a todos sobresaltados. Lo cierto es que desde el inicio del Gobierno, el presidente y sus economistas vuelven una y otra vez a los excesos. Más devaluación, más inflación, más tasa de interés, mayor ganancia financiera, más desempleo, más pobreza, más indigencia. Menos actividad económica, menos ganancia corporativa-ex energéticas-, menos capacidad adquisitiva del salario.

Con la actual política fiscal, las necesidades de financiamiento del Gobierno-o desahorro del sector público-habían iniciado un descenso. Sin embargo todavía pesa la desacertada herencia de Prat Gay y Sturzenegger, con su decisión de sustituir emisión, con fuentes de financiamiento, apelando a un menor fondeo del BCRA-tanto en pesos como en dólares-con endeudamiento forzado. Esto fue facilitado por el arreglo sospechoso y precipitado con los holdouts, que permitió al gobierno nacional y las provincias colocar un monto significativo de deuda en el mercado internacional, que nos llevó a una importante oferta de dólares en el mercado local que excedió a la demanda de divisas. Escenario propicio para generar “la bicicleta”, no los “brotes verdes”. ¿Plan o consecuencia? No lo sabemos.

Lo cierto es que esta situación de ingreso abundante de divisas por préstamos al Gobierno nacional y provincial, fue acompañada por “hot money” y todo junto presionando el tipo de cambio a la baja, apreciando el peso.

De cara al pequeño mercado de capitales de Argentina, también el sector privado, colocó deuda en el mercado internacional, atrayendo ahorro externo.

Motivados por las altas tasas de interés locales, y dado que la expectativa de devaluación era inferior a la tasa de inflación-lo que implicaba altas tasas de interés en dólares-los capitales ingresaron al país por el arbitraje de portafolios presionando también el tipo de cambio a la baja-apreciando el peso. Una explosión latente, recordando 1981, 1989 y 2001; estaba dentro de las cuarenta del mazo.

Lo cierto es que hoy la Argentina no tiene aquel abultado superávit de la cuenta capital de 2016-2017, lo que implica que hay mucho menos ahorro externo invertido en la Argentina y una enorme acumulación de activos externos invertidos afuera del país por parte de los residentes argentinos.

¿Usted cree que el Gobierno tomo nota de lo que hemos detallado?- Parecería que no. Devalúa y estaciona, deprecia el peso y luego lo aprecia. La ocultación de una eventual mega crisis sigue presente. El costo de mantener el recipiente a presión es aun más alto, los tiempos más cortos y, la incertidumbre nos avisa por las calles. Toda la burguesía porteña se pregunta: ¿Ya pasó, o falta?.

(*) Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política, Profesor del MBA. CEO de www.hacer.com.ar , www.pablo.tigani.com autor de 6 libros, 900 papers y artículos.

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