27 de septiembre 2026 - 15:13

Así se fabrican las bolas de acero argentinas para los molinos de minería

Energy Report recorrió la planta de Forestal Pico en General Pico, La Pampa, donde se fabrican bolas de acero de entre 30 y 100 milímetros para la molienda minera. La capacidad instalada llega a 53.000 toneladas anuales, pero hoy produce alrededor de 5.000 toneladas. La expectativa está puesta en el desarrollo de los grandes proyectos de cobre.

Visita a la planta de La Pampa. Las bolas de acero de Forestal Pico se utilizan en molinos para triturar y reducir el tamaño del mineral.

Visita a la planta de La Pampa. Las bolas de acero de Forestal Pico se utilizan en molinos para triturar y reducir el tamaño del mineral.

Foto: Sebastián D. Penelli

Hay una parte de la minería que no se ve cuando se mira una mina. Está lejos del yacimiento, en una planta industrial del norte de La Pampa, y empieza con una barra de acero que ingresa a más de 1.000 grados de temperatura. A partir de allí, una sucesión de procesos transforma ese acero en una de las piezas indispensables para la molienda del mineral: una bola maciza que puede pesar hasta 3 kilos, entra en un molino junto con toneladas de roca y se desgasta durante el proceso hasta desaparecer. Eso es lo que produce Forestal Pico en General Pico.

Energy Report recorrió la Planta Maracó de Forestal Pico - División Industrial y fue recibido por la familia Pechín, propietaria de una empresa familiar que lleva más de medio siglo vinculada con la industria siderúrgica.

La planta tiene más de 11.000 m² cubiertos y cuenta con una capacidad instalada declarada de 53.000 toneladas anuales de bolas de molienda, fabricadas en diámetros de entre 30 y 100 milímetros. La empresa las produce a partir de barras de acero aleado de origen nacional provistas por Acindar desde Villa Constitución, Santa Fe. Pero hoy la realidad es muy diferente de esa capacidad potencial.

“Planta puede procesar hasta entre 40 y 50.000 toneladas por año. Hoy nosotros debemos procesar 5.000 con suerte”, explicó a Energy Report Sergio Pechín, uno de los hermanos que conduce la compañía.

El número muestra el principal desafío de la planta: tiene capacidad para multiplicar varias veces su producción actual, pero necesita que el mercado minero argentino crezca para ocupar esa capacidad. Y allí aparece el cobre.

Las bolas se producen mediante laminación en caliente y luego reciben un tratamiento térmico para aumentar su dureza.

Las bolas se producen mediante laminación en caliente y luego reciben un tratamiento térmico para aumentar su dureza.

De una barra de acero a una bola para un molino

El proceso comienza con la materia prima. Las barras de acero aleado llegan desde la planta de Acindar en Villa Constitución. Forestal Pico y Acindar desarrollaron la alianza industrial que permitió fabricar localmente un producto que durante años tuvo una fuerte dependencia de las importaciones. La propia Forestal Pico define a la División Industrial como una alianza estratégica con Acindar para la fabricación de bolas de molino mediante laminación.

La barra entra al proceso de calentamiento. La temperatura supera los 1.000 grados y el acero adquiere las condiciones necesarias para ser trabajado. En ese momento comienza la transformación. Pero no se trata de fundir el acero. La diferencia es importante. La planta utiliza laminación en caliente: la barra pasa por el tren de laminación y, mediante rodillos, va adquiriendo progresivamente la forma esférica. “Esto es laminación, porque lo va rodando y lo va formando”, explicó Pechín durante la recorrida.

El proceso permite obtener las bolas una detrás de otra, en una línea continua. El resultado puede parecer sencillo a primera vista, pero detrás existe una combinación de temperatura, composición química, deformación mecánica y tratamiento térmico que determina el comportamiento posterior del producto dentro del molino. Las bolas son de acero de alto carbono con elementos aleantes, una composición que permite obtener alta resistencia al desgaste y al impacto.

Forestal Pico fabrica bolas de molienda de entre 30 y 100 milímetros a partir de acero aleado nacional.

Forestal Pico fabrica bolas de molienda de entre 30 y 100 milímetros a partir de acero aleado nacional.

El secreto está después de la forma

Una vez que la bola sale formada, comienza una de las etapas fundamentales del proceso: el tratamiento térmico. Primero está el temple, que modifica la estructura interna del acero y aumenta fuertemente su dureza. Después viene el enfriamiento controlado. El objetivo es evitar que una bola extremadamente dura termine siendo también extremadamente frágil. “Queremos que sea duro, pero no frágil”, explicó Pechín. La diferencia es fundamental para una pieza que va a pasar horas y horas recibiendo golpes dentro de un molino.

El proceso de enfriamiento controlado permite que la estructura del material se acomode y reduce la fragilidad generada por el temple. El resultado buscado es una combinación de dureza, resistencia al desgaste y resistencia al impacto.

La empresa señala que sus procesos de tratamiento térmico están orientados a lograr el endurecimiento total de las bolas y una alta resistencia al desgaste y al impacto. Después, cada lote debe pasar por controles de calidad. Porque la bola no es un elemento decorativo ni una pieza que pueda fallar sin consecuencias. “La bola es un consumible”, resumió Pechín.

En un molino minero, las bolas circulan junto con el mineral y reciben golpes constantemente. A medida que avanza el proceso, se van desgastando hasta desaparecer. La operación necesita reponerlas permanentemente.

Una bola, distintos tamaños y una función dentro del molino

El diámetro no es arbitrario. Forestal Pico fabrica bolas desde 30 hasta 100 milímetros. El tamaño utilizado depende del tipo de molienda, del mineral procesado y de la granulometría que se busca obtener.

Los molinos trabajan con diferentes tamaños de bolas y, a medida que las piezas se desgastan, se incorporan nuevas unidades para mantener las condiciones necesarias de molienda. La lógica es simple: la roca ingresa al circuito y el acero se encarga de golpearla hasta reducir su tamaño.

Es allí donde una pieza fabricada en General Pico termina participando de una de las etapas centrales para transformar el mineral extraído de una mina en un producto comercial. Cobre, oro, plata, hierro y otros minerales pasan por procesos de trituración y molienda antes de continuar hacia las etapas de concentración o recuperación. La bola de acero es, en ese sentido, uno de los insumos que permiten que esa transformación ocurra.

De General Pico a las minas argentinas

La planta pampeana abastece actualmente al mercado argentino y también realizó envíos al exterior. “Estamos mandando algo a Brasil”, contó Pechín. La distancia puede convertirse en una ventaja frente a proveedores asiáticos.

Una carga desde General Pico puede llegar a Brasil por camión en aproximadamente cuatro días, mientras que una operación desde China puede demandar varios meses, dependiendo de la ruta y de las condiciones logísticas. Pero el problema es el precio. “Los chinos nos matan por precio”, sintetizó Pechín.

El empresario explicó que el acero utilizado por los fabricantes asiáticos puede llegar a ofrecerse a valores que hacen muy difícil competir con una producción argentina. “Los chinos te venden la barra para hacer la bola al mismo precio que te venden la bola”, señaló.

La barra de acero entra al proceso de calentamiento. La temperatura supera los 1.000 grados y el acero adquiere las condiciones necesarias para ser trabajado.

La barra de acero entra al proceso de calentamiento. La temperatura supera los 1.000 grados y el acero adquiere las condiciones necesarias para ser trabajado.

En un mercado abierto, la industria local debe competir no solamente con el costo de fabricación sino también con estructuras de escala, precios internacionales y políticas industriales de otros países. La cercanía logística puede ser una ventaja, pero no siempre alcanza.

Según Pechín, un camión desde General Pico hacia Brasil puede representar unos u$s3.500 para una carga de alrededor de 28 toneladas, mientras que un contenedor puede alcanzar valores mucho mayores en momentos de costos logísticos elevados. Por eso, la competencia no se define únicamente en la fábrica. También se juega en la logística, los plazos de entrega y el precio final puesto en la mina.

Una fábrica que nació mirando al cobre

La historia de Forestal Pico es anterior a las bolas de acero. La empresa comenzó su actividad en General Pico en la década de 1950, cuando Julio Pechín inició un emprendimiento vinculado con la fabricación de cabinas para tractores. Después llegaron tranqueras, mangas para ganado, carrocerías y otros productos.

La planta de General Pico tiene capacidad para producir hasta 53.000 toneladas anuales de bolas de molienda.

La planta de General Pico tiene capacidad para producir hasta 53.000 toneladas anuales de bolas de molienda.

Con el tiempo, la empresa pasó de la fabricación artesanal a la distribución siderúrgica. Los hijos de Don Julio, Julio Javier y Sergio, se incorporaron al negocio y la compañía comenzó a trabajar con productos de Acindar, primero con alambres y después con hierro, chapas y otros productos siderúrgicos. El crecimiento llevó a la creación de una estructura de distribución y logística propia.

Hoy Forestal Pico tiene su sede en General Pico, una sucursal en Tandil y otra en Neuquén, además de su flota de camiones para cubrir una amplia región del centro y sur del país. La planta de bolas nació mucho después. En 2014, una conversación entre la familia Pechín y un ejecutivo de Acindar abrió la posibilidad de desarrollar un negocio que llevaba décadas dando vueltas en la industria.

“Un negocio dando vueltas hace como 30 años y nadie lo agarra. Quieren hacer bolas de acero, y nadie lo agarra”, recordó Pechín sobre aquella conversación que terminó dando origen al proyecto.

La iniciativa avanzó con el respaldo de Acindar y el acompañamiento de la provincia de La Pampa. El predio donde funciona actualmente la planta había tenido otros usos industriales y se encontraba abandonado. “Esto era un criadero de palomas”, recordó Pechín al mostrar parte de las instalaciones. La familia recuperó el lugar, montó la infraestructura y puso en marcha la fábrica.

La primera bola comenzó a fabricarse en 2017, mientras que las primeras entregas comerciales se concretaron a comienzos de 2018. En enero de ese año, la planta despachó las primeras 40 toneladas destinadas a minas de la Patagonia. El proyecto implicó una inversión de alrededor de u$s11 millones y permitió recuperar infraestructura industrial en General Pico.

El ruido de las máquinas operando a pleno obligan a todos los operarios y visitante a utilizar protección auditiva.

El ruido de las máquinas operando a pleno obligan a todos los operarios y visitante a utilizar protección auditiva.

El problema: la fábrica llegó antes que las minas

La paradoja de Forestal Pico es que la capacidad industrial existe desde hace años, pero el mercado que podría justificar su utilización masiva todavía no llegó. “Siempre fue una apuesta al futuro, una apuesta al futuro que todavía sigue siendo una apuesta al futuro”, afirmó Pechín.

La expectativa de la familia está directamente vinculada con el desarrollo de los grandes proyectos mineros argentinos. Y el cobre concentra buena parte de esa expectativa. Argentina tiene una cartera de proyectos cupríferos que incluye Vicuña, Taca Taca, Los Azules, MARA, El Pachón y San Jorge, entre otros.

Vicuña, que integra los proyectos Josemaría y Filo del Sol, tiene actualmente una proyección de producción promedio de alrededor de 500.000 toneladas anuales de cobre durante los primeros 10 años, según estimaciones difundidas para el proyecto.

En San Juan, Los Azules completó su estudio de factibilidad y contempla una producción promedio de 148.200 toneladas anuales de cobre catódico, de acuerdo con sus parámetros actuales.

En Salta, el nuevo informe técnico de Taca Taca prevé una producción promedio de 291.000 toneladas anuales de cobre durante los primeros diez años, con un pico de 323.000 toneladas. El proyecto contempla una capacidad inicial de procesamiento de 40 millones de toneladas anuales, ampliable a 60 millones.

En Catamarca, MARA presentó en septiembre de 2026 su Informe de Impacto Ambiental. El proyecto, que integra Agua Rica con la infraestructura de Alumbrera, contempla una inversión estimada en u$s4.500 millones y una producción promedio superior a 200.000 toneladas anuales de cobre en concentrado durante sus primeros diez años.

Son solamente algunos de los grandes proyectos de la cartera. Y allí aparece la dimensión industrial de la discusión.

¿Qué pasa si arrancan los grandes proyectos de cobre?

La respuesta de Forestal Pico es concreta: la planta tiene capacidad para acompañar una parte de ese crecimiento. Pero hay una precisión importante.

La capacidad de 53.000 toneladas anuales de bolas no significa que esa cantidad vaya automáticamente a utilizarse en las minas de cobre argentinas. La demanda dependerá del diseño de cada operación, la capacidad de procesamiento, la tecnología de molienda, el mineral, la dureza de la roca, los consumos específicos y la cantidad de molinos instalados. Por eso, no es correcto convertir directamente las toneladas de cobre proyectadas por las mineras en una demanda equivalente de bolas de acero.

Lo que sí permite observar la comparación es otra cosa: la Argentina tiene instalada una capacidad industrial que hoy está ampliamente subutilizada y que podría convertirse en un proveedor relevante de la nueva minería si los grandes proyectos avanzan. Hoy Forestal Pico produce alrededor de 5.000 toneladas anuales según la estimación de Pechín.

Miles de toneladas de bolas de acero listas y embolsadas para el mercado interno o la exportación.

Miles de toneladas de bolas de acero listas y embolsadas para el mercado interno o la exportación.

Frente a una capacidad instalada de 53.000 toneladas, eso significa que utiliza menos de una décima parte de su potencial nominal. La diferencia es enorme. Y también muestra por qué la familia Pechín sigue mirando los proyectos de cobre con expectativa, aunque con cautela.“La expectativa la tenía con ella, cuando estuvimos con Jorge (su hermano) en 2014, 2015. Pasaron 11 años y sigue habiendo mapas”, relató.

La frase resume una de las principales tensiones de la minería argentina: la oportunidad geológica existe desde hace décadas, pero entre un proyecto anunciado y una mina produciendo pueden pasar muchos años. “Hoy estamos al 10 por 100”, resumió Pechín sobre la utilización de la capacidad productiva.

De La Pampa a la cordillera

Hay una imagen que sintetiza la dimensión de la cadena minera argentina. La barra de acero parte desde Villa Constitución, Santa Fe. Viaja hasta General Pico, La Pampa. Allí se calienta, se lamina, se transforma en una bola, recibe tratamiento térmico y atraviesa los controles de calidad. Después vuelve a viajar.

Puede terminar en una mina de la Patagonia, en Cuyo, en el NOA o incluso cruzar la frontera hacia Brasil. El acero salió de una siderúrgica argentina y terminó convertido en un insumo para transformar una roca en mineral concentrado. Eso es lo que Forestal Pico construyó en General Pico. Una industria que comenzó con la distribución siderúrgica, pasó por el agro y la construcción y terminó desarrollando una capacidad específica para la minería.

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