21 de octubre 2026 - 12:58

Energía donde se necesita

Cada 21 de octubre, el Día Mundial del Ahorro de Energía nos invita a reflexionar sobre cómo consumimos con responsabilidad la energía que generamos. Pero hay otra pregunta igual de importante: ¿cómo la producimos y qué hacemos para aprovecharla mejor?

El desarrollo energético no es un fin en sí mismo. Su valor está en la capacidad de abastecer una economía que necesita producir más, atraer inversiones y generar empleo.

El desarrollo energético no es un fin en sí mismo. Su valor está en la capacidad de abastecer una economía que necesita producir más, atraer inversiones y generar empleo.

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La eficiencia energética no depende solamente de consumir menos. También requiere desarrollar fuentes de generación más limpias, contar con infraestructura para transportar la electricidad y disponer de ella cuando la demanda lo exige. En definitiva, se trata de construir un sistema capaz de transformar los recursos energéticos en energía competitiva, confiable y disponible para la producción.

En la Argentina, esta transformación ya está en marcha. Según CAMMESA, en septiembre de 2026 la potencia solar instalada alcanzó los 3.015 MW, mientras que la generación solar creció un 23% interanual. En ese mismo mes, las fuentes renovables comprendidas en las leyes 26.190 y 27.191 cubrieron el 22,7% de la demanda eléctrica. Además, un estudio de Mercados Energéticos para la Cámara Argentina de Energías Renovables (CADER) estima que la potencia solar podría superar los 4.000 MW hacia 2030, considerando los proyectos anunciados.

Estas cifras muestran el potencial de una tecnología que dejó de ser marginal para convertirse en una pieza relevante de nuestra matriz energética. Sin embargo, el próximo salto no dependerá únicamente de cuántos megavatios podamos instalar. Dependerá también de dónde generemos esa energía, de nuestra capacidad para incorporarla al sistema y de las condiciones que permitan aprovecharla plenamente, convirtiéndola en una ventaja para el desarrollo del país.

Una matriz energética con más presencia federal

Durante años, el desarrollo solar argentino estuvo concentrado principalmente en grandes parques ubicados en regiones con condiciones excepcionales de radiación, como el NOA y Cuyo. A fines de 2024, más del 80% de la potencia solar instalada se encontraba en esas dos regiones.

Ese modelo fue fundamental para impulsar la expansión de la tecnología y seguirá teniendo un papel relevante. Pero hoy existe una oportunidad de complementarlo con proyectos de mediana escala, distribuidos en distintas regiones y más próximos a los centros de consumo. La diversificación territorial de la generación abre nuevas posibilidades. Permite movilizar inversiones en localidades que históricamente tuvieron una participación limitada en los grandes desarrollos energéticos, aprovechar mejor la infraestructura disponible y ampliar la oferta eléctrica en distintas regiones del país.

Las convocatorias RenMDI, orientadas, entre otros objetivos, a sustituir generación forzada, y el MATER, que permite canalizar contratos entre generadores y grandes usuarios, contribuyeron a ampliar las oportunidades para el desarrollo de proyectos renovables de escala intermedia. A su vez, la generación distribuida, que según la Secretaría de Energía ya supera los 220 MW instalados, muestra que esta transformación también puede avanzar desde una escala más cercana al consumo.

En Coral Energía apostamos a trabajar fuertemente en generación solar en este segmento intermedio. Este modelo de desarrollo inicial, nos ha permitido tener proyectos en desarrollo en siete provincias, la mayoría fuera de las regiones que concentran la mayor parte del recurso solar.

Este perfil fuertemente federal nos enorgullece. Creemos que una matriz más diversificada territorialmente puede contribuir a ampliar las oportunidades de inversión y acompañar el desarrollo de las economías regionales. Porque la energía no es solamente un insumo: es una condición para producir, invertir y crecer. El objetivo es llevar soluciones energéticas allí donde generan mayor valor: cerca de la demanda, en las regiones productivas y en las comunidades que necesitan mejorar su acceso a una energía eficiente y confiable.

Esta misma lógica se aplica a las localidades aisladas que todavía dependen de generadores diésel. Allí, la combinación de generación solar y almacenamiento permite reducir el consumo de combustible y mejorar la eficiencia del suministro. En Paso de Indios, Chubut, Coral Energía construye una primera microrred que apunta a reducir ese consumo en un 80%.

El desafío ya no es solo generar: es aprovechar la energía

El crecimiento de las renovables plantea una exigencia que la Argentina debe resolver: desarrollar la infraestructura eléctrica al ritmo de la nueva generación. Las restricciones de transporte limitan la incorporación de nuevos proyectos y la posibilidad de aprovechar plenamente la energía disponible. Según CAMMESA, en diciembre de 2025 se dejaron de aprovechar 54,6 GWh de generación renovable por restricciones de la red.

El dato refleja una paradoja: podemos contar con recursos naturales competitivos, tecnología probada y empresas capaces de construir nuevos parques, pero si el sistema no tiene capacidad para transportar esa electricidad, una parte de su potencial queda sin aprovechar.

Por eso, las inversiones en transmisión y distribución son tan importantes como las destinadas a construir nuevos proyectos de generación. Las ampliaciones de las redes de alta tensión, como las previstas en el proyecto AMBA I, y la modernización de las redes provinciales son fundamentales para acompañar el crecimiento de la oferta y conectarla con los centros de consumo.

A este desafío se suma el almacenamiento, una tecnología clave para integrar una mayor proporción de energías renovables. La generación solar se concentra durante las horas de mayor radiación, mientras que la demanda eléctrica responde a otros patrones. Las baterías permiten almacenar parte de esa energía y entregarla cuando aumenta el consumo o disminuye la generación solar. Así, contribuyen a gestionar la variabilidad de las fuentes renovables y a utilizar mejor la electricidad disponible.

Las convocatorias de almacenamiento AlmaGBA y AlmaSADI responden a esta necesidad de incorporar flexibilidad al sistema. Su desarrollo, junto con la expansión de las redes, será determinante para aprovechar mejor la generación renovable y acompañar la evolución de la demanda.

La conclusión es clara: generación, transporte y almacenamiento deben desarrollarse de manera coordinada. La competitividad del sistema eléctrico depende cada vez más de su capacidad para integrar estos tres componentes.

Invertir a largo plazo requiere reglas claras

Argentina cuenta con recursos naturales competitivos y empresas con capacidad para desarrollar y construir nuevos proyectos. El desafío es generar las condiciones para que ese potencial se traduzca en inversiones sostenidas. Para que suceda, hay tres factores determinantes.

El primero, lo dijimos, es la infraestructura. Sin capacidad suficiente de transmisión y distribución, las restricciones de conexión y transporte pueden convertirse en un límite concreto al crecimiento de la generación. La planificación y ejecución de nuevas obras debe acompañar la expansión de la oferta eléctrica.

El segundo es el financiamiento. Los proyectos energéticos requieren inversiones iniciales significativas y plazos de recuperación prolongados. La banca local ya está acompañando el desarrollo de parques solares mediante créditos sindicados. En nuestro caso, Coral Energía obtuvo financiamiento bancario sindicado por más de USD 70 millones entre 2025 y 2026. Para avanzar hacia una nueva escala de inversión, será importante ampliar el acceso a financiamiento de largo plazo, incorporar a bancos multilaterales y desarrollar instrumentos que contribuyan a reducir el costo de capital.

El tercero es la previsibilidad. En el sector energético, las decisiones de inversión se toman hoy, pero los resultados se construyen durante muchos años. Por eso, la estabilidad de las reglas de juego es tan importante como la calidad del recurso natural. El respeto por los contratos, los criterios transparentes de acceso a la red y los mecanismos claros de remuneración de la energía son condiciones esenciales para asumir compromisos de largo plazo.

Estas tres dimensiones están estrechamente relacionadas: la infraestructura permite incorporar nueva generación; el financiamiento hace posible construirla; y la previsibilidad crea las condiciones para que las inversiones se concreten y se sostengan en el tiempo.

También será importante que la evolución del mercado eléctrico acompañe el crecimiento de la demanda. La incorporación de nuevas industrias y grandes usuarios, junto con condiciones que faciliten la contratación de energía, puede contribuir a movilizar capital, ampliar la oferta y fortalecer la competitividad de la economía argentina.

El desarrollo energético no es un fin en sí mismo. Su valor está en la capacidad de abastecer una economía que necesita producir más, atraer inversiones y generar empleo.

Energía para el desarrollo argentino

La Argentina tiene una oportunidad concreta: transformar sus recursos energéticos en una ventaja competitiva para su desarrollo productivo. Para aprovecharla, necesita una visión integral que combine nueva generación, infraestructura de transporte, integración tecnológica, almacenamiento y condiciones adecuadas para la inversión.

La transición energética no consiste solamente en reemplazar unas fuentes por otras. Al contrario. Necesitamos avanzar hacia la complementariedad tecnológica. Nuestro país necesita construir un sistema capaz de ofrecer energía competitiva, confiable y disponible, que acompañe las necesidades de la industria, las empresas y las comunidades de todo el país.

En Coral Energía queremos ser protagonistas de ese proceso. Por eso, proyectamos alcanzar los 800 MW de potencia en 2028 y llegar a 1 GW en 2030, combinando generación solar, almacenamiento, y diversificando nuestra matriz de generación energética con una mirada federal y de largo plazo. Tenemos los recursos, la tecnología y la capacidad empresarial para avanzar. El desafío es articularlos con la infraestructura, el financiamiento y las reglas necesarias para convertir ese potencial en resultados concretos.

Porque el verdadero desafío energético de la Argentina no es solamente generar más electricidad, sino lograr que esté disponible donde y cuando se necesita, a un costo competitivo y al servicio del crecimiento del país.