Los argentinos tienen más de u$s 220.000 millones fuera del sistema, según estimaciones del INDEC. La cifra refleja décadas de desconfianza y un hábito muy arraigado: proteger el ahorro guardándolo.
Dólares debajo del colchón: la ley abre la puerta, pero los impuestos deciden
La Ley de Inocencia Fiscal II busca dar seguridad jurídica a quienes tienen ahorros fuera del sistema. Para que ese capital se mueva, además de reglas claras hace falta un incentivo genuino.
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Lo importante es aprender cómo funcionan esos instrumentos, conocer las opciones de inversión en pesos y en dólares, y familiarizarse con el mercado de capitales.
La Ley de Inocencia Fiscal II, que el Senado aprobó el 17 de septiembre y que el Gobierno se prepara para reglamentar, apunta justamente a ese capital. Su objetivo es dar mayor seguridad jurídica a los contribuyentes para que esos dólares vuelvan a circular y ayuden a reactivar la economía. Entre otros puntos, establece la presunción de exactitud de las declaraciones juradas y amplía el acceso al régimen simplificado de Ganancias.
La pregunta de fondo es otra: qué gana un ahorrista cuando su dinero pasa de estar guardado a estar dentro del sistema, y qué necesita para animarse a dar ese paso.
Lo que cambia cuando el dinero entra al sistema
Tener el dinero dentro del sistema abre, en primer lugar, el acceso a más proyectos y oportunidades de inversión. En segundo lugar, aporta liquidez: permite operar en el mercado de capitales, tanto en la Argentina como en el exterior.
El dinero fuera del sistema, en cambio, es difícil de mover y queda afuera del mercado de capitales local. Eso implica resignar instrumentos de equity y de deuda que pueden ser un buen negocio en el corto y en el largo plazo, y que además ofrecen liquidez inmediata.
La contracara son los impuestos que se aplican al dinero que está dentro del sistema. Y ese punto es central para entender qué puede pasar con esta ley.
Una ley necesaria, pero no suficiente
La norma genera mayor seguridad y más previsibilidad. Pero nada garantiza que un próximo gobierno no la modifique. Por eso, la ley sola no alcanza: hacen falta incentivos fiscales.
Si las personas van a sacar el dinero del colchón para ponerlo en el sistema, necesitan que los impuestos no sean tan pesados y una motivación genuina para invertir. En cualquier economía, cuando los impuestos son muy altos, el capital se mueve hacia un lugar más eficiente.
Del ladrillo a un abanico más amplio
El argentino busca seguridad y previsibilidad, y el ladrillo se las da. El mercado inmobiliario es uno de los activos menos volátiles que existen.
Con los dólares dentro del sistema, ese ahorrista accede a otros activos. Puede financiar proyectos a través del mercado de capitales e invertir en instrumentos de alta liquidez, como bonos, bonos soberanos de distintos países y acciones. Tener dinero líquido le permite entrar y salir con facilidad, y aprovechar oportunidades en el corto, mediano y largo plazo.
El propio mercado inmobiliario también se amplía. Aparecen mecanismos como los fideicomisos financieros inmobiliarios, el crowdfunding y la posibilidad de invertir con transferencias directas desde el banco o desde las ALyCs que acercan proyectos.
Los fideicomisos financieros son un buen ejemplo. Funcionan como una securitización: convierten un activo poco líquido, como un inmueble, en un instrumento financiero divisible, con derechos económicos definidos sobre los ingresos y la eventual venta de ese inmueble. Así, quien antes necesitaba juntar el valor de una unidad completa puede participar de un proyecto con montos menores y repartir su capital entre varias inversiones, en lugar de jugarlo todo a una sola propiedad.
El marco regulatorio también acompaña. La CNV viene avanzando con un régimen de tokenización que habilita representar digitalmente fideicomisos financieros y fondos de inversión cerrados con oferta pública, incluidos los que tienen inmuebles como activo subyacente. Ya hay antecedentes concretos, como Espacio Añelo, en Vaca Muerta, uno de los primeros fideicomisos financieros inmobiliarios de activo único con oferta pública. La Argentina tiene un terreno fértil para estos formatos: un ahorrista que siempre buscó alternativas para proteger sus dólares y un regulador que viene actuando con celeridad. Si ese ahorro entra al sistema, estos instrumentos pueden convertirse en un canal relevante para llevarlo hacia el sector.
El primer paso
Para quien nunca invirtió formalmente, un primer paso razonable es abrir una cuenta de inversión en una sociedad de bolsa o en un broker del exterior, siempre con el dinero dentro del sistema. A partir de ahí, conviene empezar por instrumentos líquidos, equity y deuda de corto y mediano plazo.
Lo importante es aprender cómo funcionan esos instrumentos, conocer las opciones de inversión en pesos y en dólares, y familiarizarse con el mercado de capitales.
También conviene tomar algunos recaudos. El horizonte tiene que estar bien pensado: los fondos que se pueden necesitar de un momento a otro no deberían quedar inmovilizados en instrumentos de menor liquidez. La diversificación tiene que darse entre instrumentos, y no solo entre proyectos. Y antes de invertir, hay que saber quién está detrás de cada propuesta, qué trayectoria tiene y qué derecho otorga exactamente lo que se compra.
La regla general es desconfiar de la facilidad excesiva. Cuando una inversión parece demasiado simple, probablemente haya letra chica que conviene leer con atención. Con esos cuidados, el mercado de capitales es un universo lleno de oportunidades para quien decide dar el paso.
Asesor en inversiones de real estate, abogado especializado en M&A y mercados de capitales
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