En medio de la escalada del petróleo, el precio del diésel superó por primera vez los u$s6 por galón en Estados Unidos y encendió nuevas alertas sobre su impacto en la economía real, desde el transporte de mercadería hasta los alimentos y la calefacción residencial. Según datos de la AAA citados por CNN, el valor promedio nacional llegó a u$s6,06 por galón, con una suba de ocho centavos en apenas una semana.
Por la suba del petróleo, el combustible clave de la economía de EEUU llegó a un precio histórico
El combustible utilizado por camiones, trenes, barcos, maquinaria agrícola y equipos de construcción alcanzó un récord histórico en Estados Unidos. La suba se explica por el petróleo arriba de u$s100, refinerías dañadas por conflictos bélicos y restricciones a las exportaciones de Rusia y China.
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Desde el inicio de la guerra con Irán, el diésel acumuló una suba de más de 55%, por encima del avance de 40% registrado por la gasolina.
El nuevo récord dejó atrás la marca anterior de u$s5,82 por galón, registrada en junio de 2022 tras la invasión rusa de Ucrania. Desde el inicio de la guerra con Irán, el diésel acumuló una suba de más de 55%, por encima del avance de 40% registrado por la gasolina.
La escalada se produce por una combinación de factores. Por un lado, los futuros del petróleo volvieron a ubicarse por encima de u$s100 por barril a medida que se prolonga el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Por otro, la capacidad de refinación disponible no alcanza para transformar ese crudo en combustible al ritmo que demanda el mercado.
El combustible que mueve la economía
Aunque la gasolina suele captar mayor atención pública cuando suben los precios, el diésel tiene un peso más profundo en la cadena económica. Solo una porción menor de los autos particulares estadounidenses utiliza ese combustible, pero prácticamente todo el sistema de transporte pesado depende de él.
Camiones, tractores, trenes de carga, barcos, maquinaria agrícola y vehículos de construcción funcionan mayoritariamente con diésel. Por eso, cuando su precio sube, el impacto se traslada al costo de mover mercadería, producir alimentos, operar puertos, construir infraestructura y abastecer comercios.
Las empresas de transporte por carretera y ferrocarril suelen trasladar el aumento del combustible a sus clientes mediante recargos. Luego, minoristas y fabricantes pueden derivar esos mayores costos a precios finales.
El resultado es una presión adicional sobre consumidores que no necesariamente compran diésel de manera directa, pero terminan pagando parte de esa suba en alimentos, bienes durables, productos importados y servicios logísticos.
Petróleo caro y menos refinerías disponibles
El problema de oferta tiene dos componentes. El primero es el precio del crudo. Con el petróleo internacional por encima de u$s100 por barril, producir combustibles refinados se vuelve más caro.
El segundo es la falta de capacidad de refinación. Según el reporte, refinerías de Medio Oriente y Rusia sufrieron daños por los conflictos bélicos, lo que redujo la disponibilidad global de combustibles.
Rusia, un proveedor relevante de diésel, limitó sus exportaciones para enfrentar la escasez interna. China también restringió ventas externas con el mismo objetivo.
El mercado quedó así con menos combustible refinado disponible en un momento de fuerte demanda. “Las refinerías ya han estado maximizando la producción de diésel. Sencillamente, no podemos extraer más diésel del sistema”, señaló el analista Andrew Lipow, citado por CNN.
Transporte, puertos y alimentos
La suba del diésel llega en un momento sensible para la logística estadounidense. En la costa oeste, California registra un promedio de u$s7,98 por galón y los puertos de Los Ángeles y Long Beach se preparan para recibir una mayor cantidad de contenedores antes de la temporada de compras navideñas.
Mover esa mercadería hacia centros de distribución, fabricantes y comercios será más caro. Ese incremento puede trasladarse a los consumidores durante los próximos meses.
El impacto también alcanza al campo. El repunte coincide con el inicio de la temporada de cosecha de otoño en Estados Unidos, donde el diésel es clave para la maquinaria agrícola. Mayores costos de producción y transporte pueden presionar sobre los precios de los alimentos.
Goldman Sachs advirtió a sus clientes que los alimentos enfrentan riesgo de aumentos fuertes por una combinación de factores: suba del diésel, encarecimiento de fertilizantes, crisis en el estrecho de Ormuz, tensiones en el mar Negro y riesgo climático por sequía y calor extremo asociado a El Niño.
Calefacción residencial bajo presión
El diésel también está estrechamente vinculado con el gasóleo para calefacción doméstica, utilizado por unos 5 millones de hogares estadounidenses, principalmente en el noreste del país.
Ese punto puede transformarse en una fuente adicional de presión durante los meses fríos. Según Lipow, los consumidores que usan gasóleo para calefaccionar sus casas podrían enfrentar una fuerte sorpresa cuando reciban la primera entrega de la temporada.
Con el petróleo global cerrando en torno a u$s107,63 por barril, el analista sostuvo que el precio del diésel en Estados Unidos podría seguir subiendo y acercarse a u$s7 por galón en promedio.
En California, Patrick De Haan, jefe de análisis de petróleo en GasBuddy, advirtió que el valor podría superar los u$s8 por galón.
Un golpe sobre los hogares
Según una estimación de la Escuela Watson de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Brown citada por CNN, el aumento del precio del diésel ya les costó a los estadounidenses más de u$s46.000 millones desde el inicio de la guerra con Irán.
Ese monto equivale a más de u$s350 adicionales por hogar. La cifra resume el carácter indirecto del impacto: aunque muchos consumidores no cargan diésel en sus autos, lo pagan en transporte, alimentos, calefacción y bienes que dependen de cadenas logísticas intensivas en energía.
El récord del diésel vuelve a mostrar cómo una crisis energética puede propagarse rápidamente por toda la economía. El petróleo caro golpea primero a los combustibles, pero el efecto final llega a góndolas, puertos, campos, hogares y comercios.
Mientras continúen las restricciones de oferta, las refinerías dañadas y las tensiones geopolíticas, el combustible que mueve la economía seguirá siendo una de las principales fuentes de presión inflacionaria.
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