15 de enero 2004 - 00:00

"21 gramos"

«21 gramos» («21 grams», EE.UU., 2003; habl. en inglés. Dir.: A. González Iñárritu. Int.: S. Penn, N. Watts, B. del Toro, C. Gainsburg y otros).

C
ierta vez, le preguntaron a François Truffaut a qué razón atribuía su único fracaso en el cine (aludiendo a su film de 1978 «La habitación verde»). Truffaut, sin dudarlo un instante, respondió: «Simplemente, porque es una película sobre la muerte. Y nadie quiere ver algo así». En efecto, «La habitación verde» era un drama donde la muerte no es lo que le acontecía a uno o más personajes (como en cualquier otro drama), sino su misma sustancia. Más que dramática, era una película mortuoria.

El cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu, que hace tres años despabiló al cine de su país y llamó la atención del mundo con la formidable «Amores perros», desafía ahora la advertencia de Truffaut en su segundo largometraje y primero en inglés y con capitales norteamericanos. «21 gramos», aun con su sagaz técnica narrativa, con sus estupendas interpretaciones y con un libro donde se advierte, como en el anterior, la agudeza del escritor Guillermo Arriaga, es también un film mortuorio, deprimente, de aquellos que se aplauden pero que no se tienen demasiadas ganas de ver.

•Ritmo

No debe inferirse, sin embargo, que de esa condición se contagie su ritmo cinematográfico: la película está vigorosamente relatada, y a la forma que el cineasta mexicano aplicaba en «Amores perros» (tres historias distintas, que confluyenfinalmente en una misma) se añade ahora otro fuerte matiz de estilo: González Iñárritu no expone los hechos de manera lineal sino que éstos van saltando del futuro al pasado en orden aleatorio; para decirlo de manera más técnica, el film es una continua sucesión de «flash forwards» y «flash backs», sin que esta característica afecte ni por un momento la comprensibilidad.

•Peso

Generalmente, quienes no han oído nada acerca de esta película y se les menciona su título suponen que «21 gramos» es una película sobre droga ( reflejo condicionado de nuestro tiempo). El título, extraño a los oídos norteamericanos (donde se iba a entender más como «7,4 onzas») es, según cierta mística, el peso que pierde el cuerpo en el instante de la muerte, es decir, el peso del alma. Sobre almas fugitivas, pues, y cuerpos inertes, giran las historias.

Una es la del matemático Paul (Sean
Penn), que necesita perentoriamente un trasplante cardíaco y sobrelleva un infeliz matrimonio con Mary (Charlotte Gainsburg); otra la de Christina (Naomi Watts), cuya existencia queda destrozada cuando una 4 x 4 arrolla a su esposo y dos hijos, y finalmente la de Jack (Benicio Del Toro), ex convicto, fanático religioso, y conductor de una 4 x 4.

El vínculo entre ellas, también producido por un accidente automovilístico (como en
«Amores perros»), está mucho más en la superficie, aunque la densidad de los personajes se profundiza por esa particular forma de narrar: conocer futuros antes que presentes o pasados es una manera de poner más distancia con la identificación emocional (sobre todo en un guión tan sombrío como éste), aleja definitivamente la eventualidad del melodrama, y enriquece el conocimiento de algunas conductas y decisiones, de ciertas cobardías y traiciones, y explica mejor muchos miedos de los personajes.

Actoralmente, la película es ejemplar: se dijo ya que
Sean Penn autocompite, por este film, con su notable composición del padre mafioso de «Río místico»; Naomi Watts, con toda seguridad, aprueba su primer gran trabajo dramático para el cine, y sobre ellos (si eso fuera posible), Benicio Del Toro, sobre la base del papel más extremado y rico del film, compone un «desesperado» de excepción, acaso el mejor rostro que la culpa puede tener en la pantalla.

Dejá tu comentario

Te puede interesar