14 de mayo 2001 - 00:00

Actualidad

(14/05/2001) Mañana se cumple el primer aniversario de la muerte de Ruth Benzacar. Hace un año, y luego de un día agitado en Arte BA, abandonó el mundo del arte que significaba todo en su vida, o casi todo, dado que su familia, sus amigos y sus afectos giraban en torno de ese universo unificado. Cuando ya se experimenta su ausencia, es posible evaluar la pérdida: Ruth es insustituible. Nadie niega que puedan profesionalmente aventajarla, incluso es probable que lo haga Orly, su hija, que asumió las riendas de la galería y, sorteando obstáculos, hoy demuestra que es capaz de dominar esa gestión difícil. Arte BA le rendirá un merecido homenaje durante la feria.

En Brasil también se percibe el vacío que dejó el galerista Marcantônio Vilaca. En el Paco Imperial de Rio de Janeiro, se inauguró la semana pasada una exposición de su colección. La muestra, dividida en módulos temáticos y con textos de Marcia Fortes y Dan Cameron en el importante catálogo, reúne las distintas vertientes del arte más actual.

«La colección de Marcantônio exhibe la discusión consigo mismo. Como si las obras fueran espejos de reflexión filosófica, puntos de vista, maneras de mirar la existencia», señala Fortes. Luego de la vernissage, la operadora cultural Frances Reynolds Marinho, amiga del galerista, recibió en su casa, que estratégicamente ubicada bajo el Cristo Redentor y frente a la Lagoa tiene una de las más bellas vistas de la tierra, a familiares, artistas y amigos, en una recepción a la que concurrieron 120 personas.

El Museo de Arquitectura, en la torre que se eleva en Av. Del Libertador y Callao, presenta una muestra de fotografía imperdible para los que aman la Ciudad: «Viejo Buenos Aires, adiós», de Horacio Coppola. Se trata de imágenes tomadas en el año 1936 y ampliadas en esa época, que muestran una ciudad metafísica en la que todavía es posible reconocer la de la actualidad. El conjunto, además de su valor estético, torna evidente la influencia que ejerce Coppola en fotógrafos como Marcos Zimmermann o Facundo de Zuviría, entre otros, y constituye en sí mismo un documento histórico que no debería dispersarse.

En el Museo de Bellas Artes se exhibe la muestra de pinturas de Silvina Benguria, un irónico relato de los paisajes y personajes que marcaron su vida. Ella misma es un personaje querido de la Ciudad, que retrata con inteligencia y humor desde la hosquedad de Ernesto Sabato hasta el estupor de Rómulo Macció.

Este año participan 77 galerías en la feria, 50 argentinas, 17 latinoamericanas, 5 estadounidenses y 5 europeas. Los invitados especiales son los mexicanos, Azul de Felipe Covarrubias, Enrique Guerrero y Kurimanzuto. Simultáneamente, el Centro Cultural Borges presenta obras del mexicano Francisco Toledo, que llegan acompañadas por Américo Sánchez, director de Museo Mural Diego Rivera. Toledo está considerado el artista vivo más importante de México, continuador de la estética de Rufino Tamayo.

Las casas Christie's y Sotheby's acaban de recibir los catálogos de las próximas subastas de arte latinoamericano que comienzan el 30 de mayo. La portada del de Christie's reproduce una pintura constructiva del uruguayo Joaquín Torres García, un boceto para el mural Saint Bois, estimado entre 400.000 y 600.000 dólares. La portada de Sotheby's exhibe un retrato de Frida Kahlo, tenue e inquietante a la vez, «Cristina, mi hermana», estimado entre 900.000 y 1,2 millón de dólares. La misma casa presenta una de las obras más interesantes del chileno Roberto Matta que se hayan visto en el mercado, «Morfología del deseo», pintada en 1938.

Entre las obras top figura uno de los famosos soles de Emilio Pettoruti, acaso uno de los más abstractos y logrados, con una estimación que oscila entre 60.000 y 80.000 dólares y rinde cuentas del retraso de la pintura argentina en el mercado. El arte de Brasil avanza en ambas casas; la cantidad de obras se multiplica en cada remate, mientras que la de los argentinos disminuye.

En Christie's, una obra del mexicano David Alfaro Siqueiros puede llegar a constituir un antecedente sobre el precio de la pintura mural. Se trata de un proyecto para un mural que mide 122 x 363 centímetros, realizado en 1951, que está estimado entre 220.000 y 260.000 dólares. Claro, la obra se encuentra en perfecto estado de conservación.

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