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14 de mayo 2008 - 00:00

Admirable biografía novelada de Kertész

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Imre Kertész «Dossier K.» (Barcelona, Acantilado, 2007, 204 págs)

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Bien merecido se tiene el Premio Nobel el húngaro Imre Kertész. No sólo ha llevado a su nivel más alto la «literatura del Holocausto» (la de Primo Levi, Jean Améry y Jorge Semprún) sino que supo convertir el testimonio de su paso por los campos de concentración de Auschwitz y Buchewald en una obra maestra literaria: «Sin destino». Pero no se quedó en eso; no ha perdido oportunidad literaria de lanzar sarcasmos sobre la otra dictadura que sufrió su país, la del comunismo. Tampoco eso le ha sido suficiente. Kertész es entre los premios Nobel, junto al sudafricano Coetzee, el turco Pamuk, la polaca Wislawa Szymborska, uno de los grandes renovadores de la narrativa, alguien que busca experimentar e innovar sin hacer declarado estrépito, algo insospechable en un ceremonioso octogenario, algo que en este libro confirma una vez más. Se ha dedicado ha dar nivel a algunos de los pocos géneros que aún no han obtenido el Nobel: la entrevista y la autobiografía.

Kertész justifica esta obra diciendo que no le gustaban los reportajes que le hacían, que no se sentía nunca representado, y fue así como busco hacer una extensa entrevista con el editor Zoltán Hafner. Esos diálogos que se realizaron entre 2003 y 2004 tampoco lo convencieron.

Decidió tomar la cosa en sus manos, convertirse en el ser irreverente que pregunta sin concesiones y el que responde remiso pero sincero.

En el prólogo de «Dossier K.» confía que en el fondo lo que se tiene en las manos es una autobiografía o, mejor, que «si se acepta la propuesta de Nietzsche, quien deriva la novela de los diálogos platónicos, el lector tendrá, de hecho, una novela en sus manos». Kertész, que ha demostrado en sus obras que «mientras la autobiografía recuerda, la ficción crea un mundo, pone ante un universo», parece haber tomado muy en cuenta en este libro las enseñanzas de Borges, que transfería géneros y convertía un poema o un ensayo en un cuento, y un cuento en un ensayo, muchas veces de corte filosófico.

Aquí el diálogo, la falsa entrevista, se transforma en autobiografía para concluir siendo una especie de novela. En « Dossier K.» está la filosofía como ética, y la política. No falta expresividad de ese retrato que hace Kértesz de sí mismo, recuerda al de Velázquez en «La meninas», se lo ve siempre, pero tambien lo que lo rodea y lo que le hace ser lo que es, la paleta, la pluma, el cuadro, el libro. El Kértesz de «Dossier K.» es tan real, tan vecino, que siguiendo sus ideas merece ser una pura ficción. Es alguien que cuenta de sus gustos (por caso, el «Ferdydurke», de Gombrowicz) y discute sus obras. Es un personaje que puede recordar a su abuelo hambriento («uno gusta recordar su infancia, por difícil y asquerosa que fuese»), que ha padecido los horrores del nazismo, y que una vez liberado de ese yugo apareció otro, el soviético, «en el que había que callar y mentir».

M.S.

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