A través de una vieja centenaria, su casona carcomida, y su nieto sesentón,
Esto, claro, gracias a la buena mano del director, a su modo de pasear la cámara como si estuviera espiando de reojo en casa de unas tías viejas, que no dejan que uno toque nada, ni saque algo fuera de lugar, y a su modo de insertar apacible y maliciosamente algunas situaciones (pequeñas crueldades de un niño grande en el patio, etc.) de esas que en otros tiempos forjaron la amistad de
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