31 de agosto 2005 - 00:00

Admirable versión de la difícil "Wozzeck"

La producción de la ópera de Alban Berg, una de las más ásperasy complejas de realizar -y también de oír- del repertoriolírico, es otro de los grandes aciertos de Juventus Lyrica.
La producción de la ópera de Alban Berg, una de las más ásperas y complejas de realizar -y también de oír- del repertorio lírico, es otro de los grandes aciertos de Juventus Lyrica.
«Wozzeck». Mús.: A. Berg. Lib.: A. Berg según G. Buchner. Régie: H. Pigozzi. Dir. Mus.: E. Greizerstein. Esc.: A. Bonatto. Vest.: A. Czarny. Ilum.: G. Córdoba. (Teatro Avenida. Nueva función: 2/9.)

El tercer espectáculo operístico preparado para esta temporada por Juventus Lyrica es «Wozzeck», una ópera en tres actos y 15 escenas de Alban Berg. Con esta producción de una de las obras más ásperas y complejas de realizar y también de oír de todo el repertorio, Juventus Lyrica no sólo cambia la manera de ver ópera sino que también ejercita una nueva estética que resulta gratificante al espectador.

«Wozzeck»
se basa en una pieza de Georg Buchner, un dramaturgo alemán que vivió entre 1813 y 1837 y que por la época en que crea su obra debería ser ubicado en pleno romanticismo. Pero evidentemente, Buchner se adelantó a su tiempo y produjo un hecho literario digno del más escalofriante expresionismo. Es dentro de esta corriente, entonces, que debería catalogarse el «Wozzeck» de Berg, que llega a la escena musical berlinesa casi noventa años después de su gestación literaria.

La acritud de la historia de Wozzeck se narra en una sucesión de quince fragmentos que adquieren mayor intensidad dramática a medida que van ocurriendo los hechos. Cercano a la crónica periodística -la tragedia de Wozzeck parece basarse en un hecho real-, el libreto de Berg presenta breves secuencias argumentales que crecen hacia el final, con la rapidez y la violencia de un film noire. La música atonal que proviene de las enseñanzas de su maestro Schoenberg se vuelca en distintas formas predeterminadas que corresponden a cada secuencia dramática y se articulan en una totalidad coherente pese a la asimetría del lenguaje.

El canto es un «parlato» acompañado con diferentes alturas y timbres que producen sonoridades extrañas y desestabilizadas, ideales para la sustancia teatral propuesta por el libreto. Con un equipo muy sólido de cantantes, sobre todo el protagonista Marcus Pelz, un joven barítono alemán y la estupenda Eugenia Fuente en una María de gran presencia escénica e impresionante potencia vocal, que incluye también a Gabriel Centeno, Susanna Moncayo, Santiago Burgi, Mariano Spagnolo y Maximiliano Michailovsky, entre otros.

El director Emiliano Greizenstein conce la partitura al frente de una orquesta de cámara de veintiún instrumentistas (versión de John Rea sobre la original) y logra resultados sorprendentes en lo musical y lo dramático con materiales no fáciles de articular. Horacio Pigozzi y sus colaboradores escénicos optaron por una concepción minimalista para la puesta, donde no está ausente la atmósfera expresionista.

El desarrollo de la obra, virtud de la realización musical y teatral, evoluciona para arribar a un climax agobiante y angustioso, esencia del trabajo de Berg en la crónica descarnada de un pobre hombre en crisis existencial.

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