La lorquiana «La zapatera prodigiosa» volvió al Colón en una puesta tradicional de Reinaldo Censabella.
«La zapatera prodigiosa». Comedia lírica en dos actos. Mús.: J. J. Castro. Lib.: F. G. Lorca. Direc. mus.: R. Censabella. Régie: A. F. Alberto. Esc.: M. Salvioli. Vest.: C. Sassoon. Ilum.: E. Caride. Dir. Del coro: S. Caputo. Coreog.: C. Trunsky. Orq. y Coro estables (Teatro Colón). Próximas representaciones: 4 y 5 /10.
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Como séptimo título de la temporada lírica del Colón fue programada una nueva producción de la ópera en dos actos «La zapatera prodigiosa», sobre obra de Federico García Lorca con música del argentino Juan José Castro (1895-1968). Respetado hasta en los más mínimos detalles, exceptuando por la exclusión de algún personaje del original de 1930 (como el del autor, que ocupa el prólogo de la pieza) el texto conserva en esta transposición a la ópera su agreste simplicidad.
La historia del zapatero mayor y su joven mujer algo rebelde da lugar a una mirada ácida y crítica de Lorca a la red de relaciones humanas de un típico pueblo español. Se trata de una comedia burguesa anti-burguesa calificada por el autor como «farsa violenta». Juan José Castro agregó a las palabras una música siempre bien construida, con un lenguaje contemporáneo que no desdeña la tradición romántica de la ópera y que basa su eficacia en una orquestación enriquecida por timbres y modulaciones de raigambre hispánica, vocal e instrumentalmente.
Esos valores de la partitura fueron resaltados por la dirección de Reinaldo Censabella, que brindó al frente de una fiel orquesta estable una versión vigorosa y rítmica de la obra, aunque por momentos algunos cantantes de voces de mediano volumen perdieran presencia ante el fragor que surgía del foso.
Desde la óptica escénica se apuntó a rescatar el universo colorístico y dinámico lorquiano. Se logró con la intensidad con que fueron diseñadas las distintas personalidades que se ponen en jueg. La dirección actoral de Alberto Félix Alberto produjo una caracterización justa para cada personaje pueblerino, adornado por máscaras e indicios eficaces de su relación traumática con los protagonistas del relato.
La planta escenográfica de Salvioli y el extravagante vestuario de Sassoon como las luces de Caride hicieron lo suyo para contribuir con la puesta.
En el elenco sobresalieron la vivaz Carmen González, zapatera atribulada y cálida, de buena voz y acentuada musicalidad. Su expresividad se acopló a la de Luis Gaeta, de espléndida dicción hispana, quien construyó un zapatero de sensible filosofía popular sin renunciar a la categoría vocal que se le reconoce como uno de los mejores barítonos del país. Carlos Esquivel, Gabriel Centeno, Leonardo Estévez, Carlos Duarte y Fabiola Masino resultaron lo mejor del elenco de soporte, con registros y fraseos y adecuados, y regocijantes como el pájaro «Don Mirlo» de Centeno, toda una creación.
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