La película, que relata la experiencia de vida comunitaria de un grupo de estos especímenes, está ambientada en el Estocolmo de mediados de los '70 (empieza exactamente el día de la muerte de La galería aglutina situaciones que ponen a sus personajes en ridículo o a merced de la conmiseración: la más humillante de las experiencias la vive un barbado rubio y melancólico, que en su condición de defensor a ultranza del amor libre debe tolerar que su novia vaya a consolar, en la cama y muy estentóreamente, a un marxista enojado porque durante la cena le tomaron el pelo. Desde luego, la tolera hasta que puede. Desopilante, en cambio, el personaje de la recién separada que se convierte al lesbianismo por razones ideológicas y trata de hacer proselitismo hasta con una vecina conservadora.
Quizá, esta misma película hecha por los italianos hubiera tenido un efecto mucho más inmediato sobre la platea, porque inevitablemente el humor sueco (un idioma en el que parece resonar
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