10 de marzo 2005 - 00:00

Altman: danza minimalista

Neve Campbell, factótum del nuevo film de Robert Altman: impulsora, coproductora y protagonista.
Neve Campbell, factótum del nuevo film de Robert Altman: impulsora, coproductora y protagonista.
La compañía» («The company», EE.UU.Alemania, 2003; habl. en inglés). Dir.: R. Altman. Int.: N. Campbell, M. McDowell, J. Franco, B. Robertson, W. Dick y otros.

El nuevo film de Robert Altman se ocupa del celebrado Joffrey Ballet de Chicago. Aunque no lo hace desde el punto de vista documental, es probable que muchos balletómanos, a la vista de los resultados artísticos, hubieran deseado algo así. Proyecto impulsado, coproducido y protagonizado por la actriz y bailarina Neve Campbell, «La compañía» insinúa la puesta en escena de una historia que jamás llega a tomar cuerpo.

Altman
ha buscado rehuirle a la tentación del «manifiesto» y a las metaforizaciones que suelen venir implícitas en películas de su tipo. No es «La compañía» una alegoría del poder, como «Ensayo de orquesta» de Fellini, ni la explosiva representación del choque entre arte y burocracia de « Encuentro con Venus» de Szabó; tampoco, y mucho menos, la parábola hollywoodense del sacrificio y el posterior triunfo de alguna bailarina oscura en su camino a ser étoile. Nada de eso es «La compañía»; el problema es que tampoco se sabe bien qué es.

Mirada «minimalista» sobre la intimidad de la compañía que capitanea, en la ficción, el ítalo-americano Alberto Antonelli (interpretado, extrañamente, por el anglo-americano Malcolm McDowell), el guión del film agrupa pequeñas instancias dramáticas, con resolución sólo esbozada o nula, que tienen su centro en la visita de un coreógrafo al que invitan para poner en escena la producción contemporánea «La serpiente azul».

Altman
, viejo lobo en el arte de inducir a sensaciones a partir de elementos ínfimos, potencia en «La compañía» esta característica. Baste este ejemplo: en uno de las primeros momentos de la película, durante una representación al aire libre en un parque de Chicago, está por desatarse una tormenta. Los primeros truenos ya se oyen al terminar un número de conjunto, y al comenzar un trascendental pas-de-deux el viento arremolinado levanta polvo por el aire.

Tan bien captada está la escena que es imposible no padecer, junto con McDowell, el temor de que la lluvia estropee el espectáculo o ponga en riesgo la estabilidad de los bailarines. Y esto, que puede parecer un elogio hacia el film, se torna su opuesto si se añade que éste es el momento más dramático de toda la película. Otro es la rotura de un tendón, y otro, quizá, la llegada tarde de la protagonista a una cita con su novio, que se ha quedado dormido esperándola con una cena ya fría. Hay varios pasajes puramentecoreográficos, desde luego muy logrados.

M.Z.

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