“¿Quién dijo cómo debe ser una familia? Quizás eso es lo que más valoro de los tiempos de ahora: no hay una sola forma de ser familia. Hay muchas, porque la familia tradicional dejó de existir. Y el teatro es espejo de la vida y a veces la vida, es muy dolorosa para mirarla de frente”, dice Mechi Bove, autora de “Amanece de noche”, que se estrena el 17 de mayo en El extranjero, Valentín Gómez 3378, presentándose todos los domingos a las 17.30. El elenco está compuesto por Bove, Sheila Saslavsky, Sonia Aleman, Julieta Presutto y Rolo Sosiuk y cuenta con la dirección de Pedro Velázquez.
En la casa familiar, Blanca cuida desde hace unos años a su padre, marcado por un deterioro cognitivo tras un accidente que lo cambió todo. Desbordada, convoca a sus hermanas Bárbara y Bernarda, para tomar una decisión impostergable. Pero la inesperada llegada de Belén, su media hermana, reabre viejas heridas. Conversamos con Bove.
Mechi Bove: En general, en todas mis obras el punto es común son los vínculos, más allá de la temática. No necesariamente vínculos familiares. En “El chat de mamis” por ejemplo, son padres que se conocen poco y nada. En “Wasabi” son amigos entrañables. Pero todas mis obras se hermanan en eso tan esencial de la vida: relacionarse con el otro. Pero lo que en especial a “Amanece de noche” es que hay algo de “la familia” que es superior a cualquier otro vínculo. Porque podes tener o no pareja, amigos, relaciones laborales…pero familia, tenemos todos. Todos somos hijos, hermanos, nietos, etc. Todos venimos de un árbol familiar que marca nuestra existencia. Y creo que eso diferencia a esta pieza de mis otras obras: ese sentido de pertenencia e identidad. Por eso cuando ves a esta familia, sentís que es la familia que conoces, indefectiblemente.
M.B.: Depende del proyecto. A veces escribo por encargo porque un productor me dice “quiero hablar de esta temática”, como el caso de “El chat de mamis”. Pero la mayoría de las veces, las temáticas surgen de una necesidad personal de hablar de algo en particular porque me conmueven profundamente. Y siempre escribo pensando en que esas temáticas sean universales. Escribo sobre vínculos y mundos, que son cotidianos y humanos. Para mí el teatro es espejo de la vida y a veces la vida, es muy dolorosa para mirarla de frente. Pero el humor y la emoción me permiten llegar al espectador para que ese espacio sagrado, sea un espacio catártico. Mi objetivo como autora es siempre, que el espectador se vaya del teatro movilizado. Que alguna fibra los haya tocado, que se hayan reído y/o emocionado. Por eso intento pensar transversalmente esas temáticas, sin importar nacionalidad, religión, elección sexual o cultura. Mis temáticas son humanas, frágiles y completamente identificables.
P.: Proliferan obras sobre el esfuerzo de los hijos por sostener a sus padres en el ocaso de la vida, desde “Las hijas” a “Incógnito”, “Quieto”, “Los bienes visibles”, y más. Temas duros que cautivan en mayor o menor medida. ¿Cómo se aborda aquí la enfermedad y la decisión de qué hacer con papá?
M.B.: Se aborda desde el conflicto. Porque, ¿quién quiere ver que su padre se apaga? ¡Nadie! Así que estas hijas tienen múltiples conflictos alrededor de esa situación, pero sobre todo tienen conflicto con el vínculo con este padre. Porque es un padre cuyo deterioro no es por el curso natural de la vejez, sino por consecuencia de algunas decisiones que ha tomado en su vida y lo han llevado a ese estado. Esas elecciones repercuten en sus hijas, desarmando la familia que eran. Entonces es muy difícil hacerse cargo y cuidar a un padre al que resentís. Y eso también es parte de la vida. Ese péndulo oscilante, que es la relación con nuestros padres. Esa combinación de amor y reclamo, que muchas veces aparece entre padres e hijos. Es utópico pensar en los padres perfectos. Son personas y como tal, cometen errores. Entonces a la hora de hacernos cargo como hijos, es difícil no estar atravesados por la historia familiar. En estas hermanas se conjuga todo eso más los típicos reclamos en estas circunstancias, donde aflora quién se quedó y se hizo cargo, quién se fue y quién no puede cargar con nada.
P.: Veo que en este caso eso destraba una cuestión familiar y secretos del pasado, ¿qué más podes agregar?
M.B.: Eso también vuelve universal la historia de esta familia, los Ortiz: que todos tenemos secretos familiares. En todas las familias se callan cosas, se ignoran o se tapan. En todas las familias, las acciones de nuestros antecesores generan un efecto dominó del cual, las generaciones venideras nos hacemos cargo inevitablemente. Pero siempre pienso que hay dos opciones, repetir o cambiar. Estas hermanas, desentierran los secretos del pasado, para intentar tener un futuro mejor. Y esa es mi bandera siempre como persona y como autora: la capacidad de trascender. Mis personajes nunca empiezan como terminan y siempre salen modificados. Estás hermanas desentierran el pasado para darle luz y reescribir su historia familiar.
P.: La familia que no se elige, que a veces hiere sin querer pero que también sostiene cuando todo lo demás se derrumba, ¿cómo lo construis?
M.B.: Desde mi propia experiencia. Creo que ninguna familia es perfecta y que se construye como consecuencia de un montón de cosas. Por más conflictiva que sea, hay algo que tiene la familia (no todas, pero la mayoría) que es, la lealtad. Aunque tengas una relación pésima con tus hermanos o tus padres, en los momentos más complejos de la vida, la sangre tira. Venís de ahí, sos de ahí, sos parte de eso. Es tu identidad, es tu inicio a la vida. Es inevitable que como sea, aunque no haya nada de relación, igual sientas que esa “cuna” está. No podemos borrar internamente que venimos de ahí, que somos gracias a esa familia. Entonces, hay algo de ese lazo que jamás se va a romper. Todo se puede derrumbar, pero los cimientos, van a seguir siempre firmes. Y sobre cimiento firme, hay posibilidad de volver a construir.
P: ¿Podemos perdonar los errores del pasado y abrazar el presente?
M.B.: ¡Sin duda! Y esta obra la escribí por eso. Porque pienso que nunca es tarde para una segunda oportunidad, para repensarse, para barajar y dar de nuevo, en cualquier circunstancia de la vida y ante cualquier vínculo. El perdón y el amor son dos de las fuerzas más poderosas que tenemos como seres humanos y la mayoría de mis obras hablan de eso, aunque cambie la temática. De la capacidad de resiliencia y la posibilidad de ser mejor, siempre.
P.: Decis que la sangre nos une, la sangre tira, pero ¿qué hay de eso de que la familia no se elige y en muchos casos se disgrega por esa causa?
M.B.: Una de las frases que acuña la obra es “La sangre nos une, pero es el amor, lo que nos vuelve familia”. Y creo firmemente en eso. Podes compartir el mismo ADN (No por nada el título “Amanece De Noche” con sus iniciales forma esas mismas siglas) pero sentir sin embargo que nada te une al otro. Los vínculos para que existan y proliferen se deben trabajar todo el tiempo. No importa que el vínculo ya esté dado por el lazo sanguíneo. Requiere nutrirlo y darle amor. Esta obra surge, desde mi necesidad de hablar de eso también. De cómo muchas veces somos familia, pero no nos sentimos familia, salvo que
trabajemos para construirnos como una. De hecho esta obra es un tributo a mis hermanos Juan y Charly, con quienes aprendí a construir nuestra hermandad día a día y no a darla por sentado.
P.: El director sostiene que la familia es la cuna, el nervio primitivo, alas o ancla de cualquier persona. Nos marca el reflejo del pasado, el presente y el futuro, funcionando como espejo. Pero ¿las familias de hoy son como las de antaño? ¿Cómo afectaron con los años los nuevos modos de vincularse, los jóvenes libres de lazos, quienes no quieren tener hijos, la soledad imperante en la que tantos viven sus días, en la virtualidad?
M.B.: Como todo, siempre hay cosas buenas y cosas malas de lo viejo y de lo nuevo. Creo que el individualismo, el avance de la tecnología, la voracidad y la velocidad con la que vivimos, ha matado un poco el concepto de familia como era antes. La sobremesa del domingo sigue existiendo, claro, pero se hace mientras al mismo tiempo se contesta un mensaje de whatsapp o se scrollea en Instagram. Los adolescentes que antes participaban de conversaciones de adultos, ahora ni siquiera escuchan porque están absorbidos por un video de Tik Tok. No podemos luchar contra esa vorágine pero podemos resignificar el concepto de familia desde otro lugar. Porque de todas maneras, ¿quién dijo cómo debe ser una familia? De hecho, quizás eso es lo que valoro de los tiempos de ahora: no hay una sola forma de ser familia. ¡Hay muchas! La familia tradicional dejó de existir también para darle lugar a muchas formas de ser familia y eso me reconforta. Me parece importante entender que la familia es la que uno construye y el hogar es donde uno pone corazón.
P.: ¿Cómo eligieron el ámbito para la producción de la obra en el marco del independiente?
M.B.: La obra es un viaje hacia el interior de nosotros mismos para revisar nuestra propia historia y a veces, el circuito comercial tiene ciertas “reglas” para poner en escena una obra y sentíamos que este proyecto no merecía pasar por ese tamiz. Queríamos contar esta historia desde un lugar genuinamente artístico, pensado por y para el espectador, con libertad absoluta de cómo hacerlo y con quiénes hacerlo. El teatro independiente te da esa grandeza de poner algo en escena sin tantas ataduras y te da infinitas posibilidades. Vengo del teatro independiente, lo celebro, lo honro y siempre será mi primer amor.
P.: ¿Cómo es hacer teatro hoy en Buenos Aires?
M.B.: Hacer teatro hoy, no es fácil, pero se puede. Porque el teatro es cien por ciento un trabajo en equipo. La suma de muchas partes. De hecho la propuesta de llevar adelante “Amanece de Noche” surge gracias a Sheila Saslavsky, con quien nos asociamos para ponerla en escena, además de ambas interpretar un personaje. En definitiva sea la situación que sea que estemos atravesando como país, el trabajo en equipo y lo fructífero que es Argentina en términos artísticos permite eso: hacer que el teatro sea posible. Y desde ya, es y seguirá siendo un orgullo que haya en cartel un texto de una autora nacional. Así que fundamentalmente estoy agradecida por eso.