10 de marzo 2005 - 00:00

"Amarelo Manga"

«Amarelo manga» (id., Brasil, 2002, habl. en portugués). Dir.: C. Assis. Guión: H. Lacerda. Int.: D. Pires, C. Díaz, M. Nachtergaele, J. Bloch, L. Cavalli, C. Camaroti, M. Alves.

Claudio Assis, el autor de esta historia de gente violenta que busca ser feliz, trae consigo un atendible historial de cortometrajes premiados. Sabe entonces lo que significa apretar un relato en pocos minutos, poner al espectador en clima cuanto antes, porque el tiempo es breve. Y eso es lo que hace al comienzo mismo de «Amarelo Manga»: en brevísimos instantes el espectador ya siente que empieza a removérsele el estómago, y eso que todavía no ha visto nada, pero entiende todo lo que puede pasar delante de sus ojos en cualquier momento. Pero, como no se trata de un corto, sino de un largometraje, lo que piensa quizá pase mucho más adelante, o no pase nunca, o pasen cosas peores.

Para hacerse una idea, entre otras criaturas inquietantes vemos a un carnicero molesto, malhumorado, un cocinero provocador, ostentosamente gay, una gastronómica de muy buen ver, también molesta no solo con la clientela, una esposa algo inestable con sus angustias de la carne y la religión, en fin, éste de Recife que vemos, aplastado por un sol enervante, no parece precisamente un barrio de jubilados que se queden tranquilos a tomar mate en la vereda.

Desde que empieza el día, ahí las veredas son tierra de nadie, y ni hablar de lo que puede pasar puertas adentro. Sin embargo, con la fuerza que empiezan el día y la película, la cosa peor que podría verse es que semejante historia se pinche o se alargue, lo que no ocurre, aunque poco le falta. No es fácil para un debutante que viene del corto sostener un largometraje, como no es fácil para un cuentista desarrollar una novela. Pero, igual que un buen cuento, la película tiene un final de esos inesperados, diríamos sorprendentes, que reconfortan de cualquier defecto anterior. Deja también, es cierto, una pequeña sensación de gratuidad. Y otra de gratitud, por la buena mano demostrada, y los efectos conseguidos, sin mucha complicación ni mayor derramamiento de sangre.

Los intérpretes tienen garra, destacándose especialmente la linda Dira Pires (el personaje de Kika) y Matheus Nachtergaele (el Zanahoria de «Ciudad de Dios»). La edición es debidamente nerviosa, los lugares elegidos son debidamente feos, y la fotografía es bien expresiva, resaltando un color que, como bien se anticipa, no es de oro, sino de fruta podrida al sol.

A propósito: se ha querido traducir el título como «Amarillo mango». Pero fue mejor idea dejarlo así como en el original, con esa palabra «manga» que remite a ciertas historietas violentas, excedidas, que gustan a los conocedores. Algo de eso hay acá, y también algo del «Baile perfumado», incómoda e hipnótica historia de unos brutos con machetes, en la que Claudio Assis estuvo previamente implicado.

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