De allí en más, la película asume el punto de vista del protagonista, interpretado por A medida que avanza la historia, el espectador puede preguntarse, con toda legitimidad, cuál es la meta de este film, ¿bucear en la mente de un perverso o, en realidad, intentar que semejante personaje inspire compasión o comprensión? ¿Se nos induce a que consideremos intolerantes a la empleada que lo delata en la fábrica de madera donde consigue trabajo, al policía que lo persigue con ganas de volver a encarcelarlo, o a todos quienes lo desprecian? ¿Acaso no lo merece?
De un modo subliminal, el guión de
Ese no es el único atenuante que alega el film en su defensa: desde su ventana, Walter descubre a otro perverso, Candy, que molesta a menores, pero varones. Aunque no lo denuncia, mucho después lo muele a trompadas: ¿se sostendría igual este film si el objeto del deseo de Walter no fueran niñas? Su cuñado, interpretado por
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