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15 de agosto 2008 - 00:00

Antonia San Juan, mucho más que chica Almodóvar

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La recordada transexual "Agrado" de "Todo sobre mi madre" vino a presentar un unipersonal que ratifica su amplio registro actoral a través de distintos tipos de mujeres.
«Las que faltaban», de autores varios. Int. y Dir.: A.San Juan. Ilum.: L.del Valle. Mús. Orig.: W. Sánchez de Cós. (Teatro El Cubo. Próxima función: 17/8, Teatro Ciudad de las Artes, Córdoba.)

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Si ya resultaba sorprendente verla componer un transexual en "Todo sobre mi madre" de Pedro Almodóvar (1999), imagine el lector de lo que es capaz Antonia San Juan (cuya identidad sexual sigue siendo motivo de debate en los foros de Internet) cuando se sube a un escenario para componer a una variada selección de personajes femeninos que dicen sus "verdades" sin ningún tipo de pudor.

Esta actriz, directora y guionista española cuenta con una trayectoria de más de dos décadas. Por esto y por su amplio registro actoral es mucho más que otra "chica Almodóvar", aun cuando deba su fama internacional a un papel tan adorable y extravagante como el de "La Agrado". Para empezar, sus caracterizaciones son producto de una sorprendente metamorfosis que hace que la actriz desaparezca dentro de sus criaturas como si estuviese poseída. Así van desfilando por la escena mujeres de toda laya, dueñas de un humor que a veces roza el delirio o dispuestas a rugir como un animal herido ante la incontrolable exhibición de sus miserias.

Malhablada pero ingeniosa, San Juan arremete contra el machismo, la Iglesia católica, el maltrato familiar, la corrección política (en lo que atañe al racismo, el tercer mundo o la homosexualidad) y el descerebrado sometimiento a la televisión y a la publicidad, entre otras cuestiones del mundo de hoy que la actriz desmenuza, critica y repudia sin erigirse en opinóloga. Cuenta para ello con muy buenos libretistas.

El espectáculo se inicia con el monólogo de una ex cantante de ópera, Medora del Santo Sepolcro, que ya anciana y con la memoria hecha jirones intenta convencer al público de que aún sigue siendo una diva. Se trata de una composición muy lograda, tanto a nivel vocal como físico (lo mismo que sus otros personajes). La única objeción es que las divagaciones de Medora se extienden demasiado, y aunque su discurso resulte de lo más natural, termina por agotar al espectador con su estructura errática y repetitiva.

El resto del espectáculo se disfruta sin interrupción. Por él desfilan: una simpática conductora de noticero, una dama de sociedad drogona y en creciente conflicto con su hija adolescente, junto a un sorprendente surtido de mujeres de pueblo analfabetas, subnormales o golpeadas que provocan hilaridad y espanto.

Dos de los monólogos que más se destacan por sus disparatadas peripecias son el de la jovencita (una "cheta" hispánica) enamorada de un skin head y el de la lesbiana que se le declara a una amiga (casada y madre de una niña de cinco años) en plena fiesta familiar. Vale la pena conocer a esta magnífica intérprete española.

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