Festival Martha Argerich. Punto de Encuentro 2005. Martha Argerich y amigos. 11/9 (Auditorio de Belgrano). 12/9 (Teatro Gran Rex).
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El Festival Martha Argerich, realizado en las circunstancias más amargas que se recuerden, pudo cumplir finalmente, fuera de su ámbito natural del teatro Colón, dos nuevas jornadas. La primera de ellas, en el auditorio Belgrano, fue un megaconcierto en dos partes (15 y 20 horas), y la segunda se realizó en el teatro Gran Rex, donde fueron reprogramados dos de los conciertos que se habían anunciado en el Colón (que sólo pudo ser utilizado para un concierto de cámara el martes 6).
Fue una circunstancia completamente adversa, más allá de las consecuencias de orden ético y afectivo hacia la legendaria pianista argentina, por la calidad menor de los ámbitos elegidos para que los conciertos alcanzaran el relieve que merecían. Las condiciones acústicas del Auditorio de Belgrano y del Gran Rex, sin ser paupérrimas, no poseen las que ofrece el Colón. Pero los traslados, además, provocaron la sustitución de una orquesta que no tocó y la ausencia de Charles Dutoit, que no pudo participar con su dirección en una de las sesiones más esperadas de todo el Festival, aunque la calidad de las últimas dos fechas justifica el esfuerzo realizado por la Fundación Argerich para tratar de solucionar de la mejor manera posible tantos contratiempos y el consiguiente perjuicio financiero, que lo hubo. Martha Argerich fue la figura central de las sesiones, con trabajos fenomenales en los que sumó a algunos de sus amigos, los músicos argentinos e internacionales que la siguen en sus lineamientos y con los que comparte rigor estilístico, calidad musical, excelencia técnica y hasta características personales. Sus dúos con el pianista Sergio Tiempo resultaron momentos memorables del festival, como cuando tocaron una elegante versión para dos pianos de la «Sinfonía Clásica» de Serguei Porkofiev, o las variaciones para dos pianos sobre un tema de Paganini de Witold Lutoslavsky, o «La valse», de Maurice Ravel ofrecida como bis en el concierto del lunes.
Junto a la Sinfonietta Argerich muy bien conducida por Darío Ntaca, Argerich fue la espléndida artífice del «Concierto N° 20» de Mozart, instancia única dentro de la larga concatenación de estrellas del teclado, como Antonio de Raco junto a sus discípulos Iván Rutkauskas y Horacio Lavandera, dos generaciones de espectacular pianismo, o la notable japonesa Akane Akai, o la espectacular pianista rusa Lilya Zilberstein.
Pero hubo mucho más: hasta Egberto Gismonti en la fila dos, siguiendo con suma atención las interpretaciones de sus colegas en el escenario, o los comentarios surrealistas de Alfredo Casero. La mística de la música así lo exige y Argerich es parte de esa mística.
Dejá tu comentario