Ya en «La Ilusión de lo Real», título de una muestra de Andrés Waissman (1955) realizada en 2001, el artista aludía a desplazamientos, destinos inciertos, una visión del hombre expulsado que no encuentra cabida en el mundo real. En una muestra posterior, «Final del Imperio», acentuaba esa sensación de expulsión a través de muchedumbres a la deriva en pinceladas puntillistas que se desplazaban por toda la superficie del cuadro.
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En su actual exposición en el Centro Cultural Recoleta continúa con la serie de «Las Multitudes», «Los Mensajeros», «Desarraigo», «Las Tribus», un entretejido compacto, abigarrado, opresivo, monocromo. Es así como ve y describe el artista a esta multitud que no conforma una verdadera comunidad sino seres en soledad absoluta o, como cita Marta López Gil en el texto del catálogo: «al caminar entre la muchedumbre todos nos parecían iguales, vacíos, abstractos, huecos...». Estos seres sin rostro están definidos por el empaste de la pincelada, un signo en blanco y negro, simétrico, ondulante, a veces interrumpido por alguna concesión a los ocres.
Sin embargo, la muestra titulada «Fragmentaria», revela un cambio. Waissman también se desplaza. Hacia el rojo. Y así como desplaza las formas mínimas, líneas, se producen desprendimientos a manera de mosaicos de colores y en algunos obras hasta ensaya una aproximación al vitral: «Líneas de Fuga», «El Surco», «Desprendimientos». Adolf Hoelzel dijo que el cuadro es un mundo aparte, que debe investigarse por sí mismo y a fondo. Son experiencias subjetivas, el artista elige las formas que le son afines. En una ocasión señalamos que Waissman cree en la pintura como un espacio de reflexión, por eso, «crear una obra es crear un mundo». Lo hace como una exteriorización de su deseo de no formar parte de esa soledad multitudinaria compuesta de seres carentes de identidad, en una sociedad fragmentada y vertiginosa de la que es difícil evadirse. Centro Cultural Recoleta. Hasta el 11 de enero de 2004. • En la Sala 2 del Centro Cultural Recoleta, Carlos Filomía (1936) «abre el paraguas». No porque llueva sino porque como lo señala Fernando Sánchez Zinny, «la vena profunda de los paraguas filominianos no es la denuncia sino la memoria». Artista plástico, diseñador gráfico, comunicador cultural, diseñador de acciones visuales, Filomía interviene el espacio público con propuestas gráficas y rituales urbanos donde la interacción hace difusos los límites entre autor-público y obra-espacio. «Abrir el paraguas» es una acción visual realizada en distintos lugares de Buenos Aires y Rosario desde septiembre de 2000 hasta la actualidad y la muestra documenta fotográficamente dichas acciones que Filomía define como activismo político-cultural ya que intervienen en los procesos sociales con intención de producir cambios reales. Esta acción de abrir el paraguas es estimulante, crítica, no busca beneficios particulares, es un arte de resistencia para dar una opinión, para tomar simbólicamente espacios que son negados, para decir no a la pobreza y a la corrupción, para proteger aquello que debe preservarse, para decir sí a la ética, para intentar cambiar la realidad, para no tropezar con la misma piedra...
Aunque esta documentación ahora está en un ámbito cerrado, el taller de Filomía está en la calle desde el comienzo de la democracia en 1983. En ella, escenario de una infinita gama de acontecimientos y donde al instante es posible pulsar el sentir de la gente que se manifiesta libremente, Filomía interactúa con los casi siempre apurados y anónimos habitantes de la ciudad, los convierte en protagonistas de un momento de reflexión. «Abrir el paraguas» expresión que tanto previene como protege, es una obra efímera en cuanto a la acción en sí misma pero que perdura en la memo-ria de aquel que participa o aquel que está alerta a los acontecimientos y a diferencia de «el pueblo quiere saber de qué se trata» de 1810, el pueblo en 2004, sí sabe de qué se trata. Clausura el 25 de enero.
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