Como otros jóvenes artistas, Cinthia De Levie, retoma el discurso de un movimiento del
arte (en este caso el imaginario de Andy Warhol) desde la precariedad de medios que
disponen.
Desde hace seis años, el Premio Currículum Cero que la galería Ruth Benzacar destina a los artistas sin antecedentes y menores de 30 años, ha servido para descubrir talentos en plena floración y para incorporar jóvenes figuras al escenario del arte. Para algunos, como el rosarino Adrián Villar Rojas, Daniela Luna, Luciana Lamothe o Erica Bohm, Currículum Cero significó un golpe de suerte, el punto de partida de una ascendente carrera.
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El miércoles pasado y para cerrar el año, la galería inauguró el nuevo salón con las obras de los artistas seleccionados en 2007, y presentó la muestra «La creciente. Varias escenas frías y un paisaje dorado», del ganador del premio del año pasado, el fotógrafo Alejandro Chaskielberg, que obtuvo un subsidio de la firma Pepsi para realizar su obra.
El furor por los artistas «bebés» que suscitó el arribo del nuevo milenio ya no es el mismo. Pero el interés subsiste. La figura del artista cuyos méritos pasan inadvertidos al común de la gente, siempre pone a los conocedores en un estado de alerta. Una obra de arte «genial» puede estar al alcance de las manos de cualquiera que, con un ojo muy entrenado, sea capaz de juzgarla. El jurado de este año, integrado por Laura Batkis, Liliana Porter, Solana Molina Viamonte, Leo Estol y Orly Benzacar, seleccionó artistas con un nivel de calidad muy parejo. Si bien no resulta fácil detectar «genialidades», el conjunto permite conocer a una producción muy diversa y ver cuáles son las tendencias dominantes entre los jóvenes.
Lo primero que se observa es el predominio de la pintura, para comenzar en las brevísimas telas de la ganadora del premio, Valeria Poggio. La serie de pequeñas pinturas titulada «Es martes o miércoles», se asemeja a esas instantáneas fotográficas que suelen documentar los momentos gratos de unas vacaciones. La obra ejemplifica la hibridación de los géneros, muestra que la influencia que desde sus orígenes ejerce la fotografía en la pintura, se acentúa en estos tiempos. El fenómeno es internacional y, sin embargo, hay en la obra de Poggio auténtico sabor local: el pequeño formato que utiliza en sus telas, es una constante que se reitera en los dibujos de Nicolás Dominguez Nacif y en las diminutas pinturas de Juliana Ceci.
Entretanto, en un país con excelentes pintores, resulta grato encontrar dignos herederos de este oficio. Con propuestas renovadas, la pintura vuelve con las pinceladas sueltas y hábiles de Jazmín López; con el aire metafísico de Ana Clara Soler, las deliciosas acuarelas de Silvina Wernicke y los dibujos de Tiziana Pierri; regresa con la complejidad de Sofía Bothlingk, la profundidad conceptual de Andrés Aizicovich, y la estupenda instalación pictórica de Evangelina Cipriani, que remeda a la perfección unas oscuras cajas de regalos ubicadas junto a una severa guirnalda, y así logra generar un clima propio y extraño en medio de una muestra colectiva.
La caótica acumulación de materiales, al estilo del suizo Thomas Hirschhorn, es una tendencia foránea que ya tiene tradición en Buenos Aires. En el año 2005, Diego Bianchi y el miembro del jurado Leo Estol exhibieron la muestra « Escuelita Thomas Hirschhorn» en Belleza y Felicidad. Como un signo de los tiempos, la marea de imágenes e información que se desplaza por el mundo, pareciera generar obras saturadas de objetos que rompen con los límites de contención. Rosario Zorroaquin entrelaza pinturas, plásticos y papel picado, en una construcción rosada y amorfa que se levanta como un monumento al exceso, y que surge del piso y se extiende por el techo. En el medio de la sala, Ariel Mora instaló una desconcertante isla de tierra húmeda cargada de piedras preciosas, joyas, objetos y varias figuras modeladas en barro. La intención de Mora en «Mugre barroca» es parodiar el rito de hacer muñecos después de una nevada, pero con el estilo barroco y el barro que queda después de la lluvia.
Precariedad
Con una inspiración similar, es decir, con la intención de retomar el discurso de un movimiento del arte desde la precariedad de medios que disponen los jóvenes artistas, Cinthia De Levie se apropia del imaginario de Warhol y suplanta las latas de sopa Campbell por las de arvejas y duraznos nacionales. La gracia de la obra consiste en la diferencia que establece al dibujar minuciosa y prolijamenteesde hace seis años, el motivo, en vez de utilizarla tecnología para reproducirlo mecánicamente como hacía Warhol. En esta misma vertiente, Guido Yanito elabora una forma escultórica con los restos de un plato roto, y Belén Gunset le aporta el fragor del gesto manual a la frialdad del minimalismo, al colorear con trazo firme unas simples bandas de papeles de colores.
Con ironía e ingenio, Ramiro-Quesada Pons se burla de la práctica artística, al fotografiar tres cuartos que ambientó como si pertenecieran al consagrado Félix González Torres, al ascendente mexicano Gabriel Orozco y al cotizado británico Damián Hirst.
La presencia de la tecnología, es reducida. Están las fotografías con textos poéticos de Mariano Blatt y Carlos Palazzesi, las de Maximiliano Rossini, el back light de Diego Fernández, un video que remeda «La última Cena» del grupo Los pasteles rojos.
Y el «bebé» es Carlos Barreto, que con apenas 16 años, presenta dos interesantes fotografías.
El premiado Chaskielberg, al igual que varios fotógrafos en la actualidad, trabaja durante la noche y se vale de la luz de una linterna; pero en su caso especial, sólo en las noches de luna. Sus imágenes están plagadas de resplandores extraños y parecen escapadas de un film. El cuidadoso montaje de cada una de las escenas, crea un clima de ficción que se vislumbra como el punto de partida de un relato fantástico.
En suma, si se miran las muestras como una señal de lo que vendrá, hay indicios de que continúan las apropiaciones de toda la historia del arte. Pero esta historia aparece ahora observada desde la remota Buenos Aires. Hay un trabajo de reelaboración consciente para insertar el arte de todos los tiempos en la Argentina de hoy.
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