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30 de diciembre 2002 - 00:00

Aun en crisis, la actividad creció

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Como una metáfora de la situación,
Con un gesto igualmente desesperado y también metafórico, aunque de modo más directo, brutal y elocuente,
Este año, en la sufrida provincia de Jujuy, el pathos de los crucificados de Semana Santa superó la de cualquier performance artística y, posteriormente, el sobrecogedor entierro virtual de quienes mueren literalmente de hambre, en cajones negros de tablitas frágiles y con flores de utilería, conmocionó a todo el país.



«De la noche a la mañana, el arte se convirtió en un producto superfluo, que se consumía y disfrutaba sólo en tiempos de estabilidad económica y si abundaba el dinero», aseguran. Pero la Argentina de hoy, con la creciente productividad artística, la demanda del público y el coleccionismo en aumento, contradice esta regla. El arte y la cultura se ofrecen para algunos como espacios de contención.

Sin embargo, la inequitativa distribución de la inversión estatal en cultura, desalienta cualquier optimismo. El gobierno de la Nación aspira a mantener un presupuesto de 112,6 millones, mientras la legislatura de la Ciudad aprobó el aumento de 145 a 149 millones, que no es poco dinero en estos tiempos. Pero la verdad es que sólo unos pocos privilegiados disfrutan de la cultura.

El año pasado, mientras la Ciudad destinaba a la cultura algo más de 50 pesos por habitante, en la provincia de Buenos Aires la cifra bajaba a 3,76 pesos y en Santiago del Estero a sólo 31 centavos. Más allá de la injusta disparidad, el 75% de los presupuestos de todo el país se gastan en sueldos y servicios.

Entretanto, el patrocinio privado lejos de aumentar ha disminuido con la crisis. Razón de más para creer que si la cultura y el arte sobreviven es un hecho milagroso.

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