acceso a grandes temas como la fugacidad de la vida o el demoledor paso del tiempo. Esas son las reales obsesiones de Reza, infiltradas por la permanente presencia de su padre, fallecido poco antes de que ella diera a luz a su segundo hijo. Con él compartió el gusto por la música -«Hammerklavier» es una de las piezas que ambos tocaban en piano-además de un extraño registro humorístico que no abandonaban ni siquiera ante la muerte. Entre la literatura y la crónica confesional, muchos de estos textos exhiben esa rara mezcla de sabiduría, vitalidad y amplia aceptación de los misterios de la existencia tan habitual en la narrativa judía. No por nada la autora proviene de una familia de ese origen (de madre húngara y padre persa). Esta exótica combinación de etnias debe haber apuntalado su curiosa manera de captar el mundo y de sondear sus enigmas a través de las palabras.
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