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25 de agosto 2006 - 00:00

Avatares de la TV

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  • Aunque los números de rating den mejor o peor, los gerentes de canales se anotan victorias propias y ajenas. En «Intrusos» Adrián Suar dijo: «A mí me importan los números, según tengo entendido, esta es la temporada de mejor medición de Tinelli en tira. El promedio supera a lo hecho en tira cuando estuvo en «Telefe» y «Canal 13». Son datos». También exageró cuando dijo que «Sos mi vida» es el mayor éxito del canal en años cuando se recuerda que «Gasoleros» o «Son amores» medían más. Pero más tarde Rial retrucó: «Adrián, me llamaron de «Telefe» y me dijeron que la temporada más alta de Tinelli en tira fue en 1998 con 31 puntos de promedio». En lugar de callar, Suar ensayó una respuesta incomprensible. No alcanzó pues pesaron más los datos.

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  • El programa «Chau domingo» tiene tres momentos excepcionales y un personaje muy bien logrado. Los picos de gran atracción son «El fémur de oro» por los patadones del fútbol del domingo, «las animaladas» y la repetición de goles seleccionados que también se ven en otros canales los domingos por la noche pero «por partido» cuando este ciclo lo hace mejor poniendo los mejores. El personaje estupendo -en «chispa» humorística y en la voz- es el perro «Havelange». Pero en lugar de alargar esos momentos tan logrados -con cámara lenta por ejemplo que tanto impacta- rellena el programa con miniaturas. Las grotescas máscaras de Basile, el «Bambino» Veira y «Mostaza» Merlo con chistes malísimos no agradan. Mujeres de ropas escasas y poniendo futbolistas para hacer humor -debía, por un momento interrogarlos seriamente en el programa, aunque no hay un futbolista que no se exprese con latigillos deplorables- le ayudaría a rellenar mejor el programa hasta los puntos fuertes. Titi Fernández y Marcelo Benedetto por momentos imbancables pero ineludibles. El resto puede mejorar mucho.

  • Es necesario que los clubes de fútbol ganen más dinero, por lo menos para que tengan mejor situación financiera para aguantar más jugadores jóvenes antes de salir a salvarse vendiéndolos al exterior cuando aquí apenas se los gozó después de haberlos formado. Una de las soluciones a eso sería dejar competir a los canales de televisión en remate de televisación de los grandes partidos, con la obligación también de llevarse los menos atractivos para que todos los clubes tengan sustento. Está bien que le pongan nombres comerciales a los estadios para recaudar más (¿alguien se imagina «La bombonera de Los Dos Chinos»? Sería estupendo). Pero eso de poner publicidad electrónica cambiante y no fija de noche en las estáticas bajas que rodean las canchas es romperle los ojos al televidente. Eso no debería ser permitido por insalubre. No se usa en Europa -como se vio este Mundial-, y por tanto es un «argentinismo» llevado de las calles a los estadios. Producto que hiere la vista, obligado a verlo por las pantallas provoca repulsa que debe ser lo contrario de lo que buscan los avisadores.

  • Reapareció después de años David Expósito por cable con una de las suyas. «Los argentinos descendemos de los barcos, como dijo Jorge Luis Borges». No nos quejemos por Borges porque nada que ver con ese pensamiento que es parte de una frase genial de Octavio Paz, el escritor y poeta mexicano, premio Nobel de Literatura de 1990, que dijo: «Los mexicanos descendemos de los Aztecas, los peruanos de los Incas y los argentinos de los barcos». Expósito habitualmente incursiona en economía pero no se lo disculpa. Tienen la obligación de haber leído algo más que Adam Smith.

  • Roberto Pettinato hizo oficial su crisis matrimonial en «Duro de domar» pero no utilizó los discursos sino que optó por dejárselo al «mini». En este caso fue el «Mini Daniel Agostini» quien se refirió a las declaraciones de Pettinato: «Yo vengo a este programa porque vos sos un hombre con códigos, esto es algo personal», aseguró, a lo que el conductor respondió irónico: «Tan personal que lo sabe todo el mundo...».
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