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9 de septiembre 2004 - 00:00

"Balseros"

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Imágenes de los cubanos en el mar, en el documental de Bosch y Domenech «Balseros».


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Pero el film no se distrae en esas cuestiones. Al contrario, prefiere profundizar en las cuestiones humanas. Así vamos conociendo testimoniantes circunstanciales, como la joven que cuenta haberse prostituido para mantener a su familia, el hombre que armó un falso divorcio para que su esposa e hija pudieran ser reclamadas por la madre desde Miami, y ahora no consigue visa para reencontrarse con ellas, la pareja que quiere progresar y está harta de vivir en la escasez, etcétera. Y momentos emotivos, como el de los vecinos despidiendo una balsa con cánticos a la patrona de los navegantes, o dolorosos, como el de ese grupo al que, cuando tras largos esfuerzos ya estaba por partir, unos delincuentes comunes le quitaron al mismo tiempo el barquito y las ilusiones, para viajar ellos. Así les habrá ido: los guardacostas norteamericanos tenían otro tipo de pautas, y muchos, de variada mezcla, terminaron pasando largas temporadas en Guantánamo. El film también registra eso, y, más largamente, la vida de aquellos que habíamos identificado al comienzo. Hoy uno es ministro religioso. Otro ya roza el sueño americano, pero no exactamente con su mujer. Una joven inicia una nueva vida con su hija, sabe que será una vida dura, pero también la vemos jugando con un neumático en la nieve.Y así. Con sus cosas buenas y malas, lejos ya de su tierra, y de aquel viaje asombroso y heroico,cada cual descubre seguir, mejor o peor, consigo mismo.

Los autores,

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