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14 de febrero 2002 - 00:00

Beatriz Catani continúa jugando con los límites

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En dicha pieza una de las actrices orinaba frente al público, mientras otra arrojaba bocanadas de humo a un par de ratas vivas. Es un teatro que moviliza todos los sentidos y que busca sensibilizar al espectador suspendiendo en primer lugar su juicio crítico y su capacidad lógica para luego hacerlo ingresar a un mundo donde la realidad ha sido desplazada por el mito. Esto es precisamente lo que sucede en
La historia de Dacia, una joven que añora a su madre rumana, muerta en circunstancias misteriosas, tiene un halo de tragedia ya que la atormentada protagonista no logra encontrar respuesta a la pregunta sobre su origen. Su padre (
Obsesionado por ejercer y suplir el papel materno, intenta amamantar a su hija con el jugo de una naranja. Por otra parte, la llegada de Benya (
La talentosa actriz

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