27 de septiembre 2005 - 00:00

Bella "Carmen" del Ballet de Santiago

La coreógrafa brasileña Marcia Haydée construyó una atractiva «Carmen », en la que no sólo se lucen los solistas, sino cada uno de los miembros de la compañía chilena.
La coreógrafa brasileña Marcia Haydée construyó una atractiva «Carmen », en la que no sólo se lucen los solistas, sino cada uno de los miembros de la compañía chilena.
«Carmen». Ballet en dos actos y seis escenas. Mús.: G. Bizet. Coreog.: M. Haydée. Arreglo y orq.: A. Dobreva. Esc.: P. Núñez. Ilum.: R. Castro. Ballet de Santiago. Dir. artística: Marcia Haydée. (Luna Park 24/9.)

La máxima efectividad de «Carmen», la obra de Marcia Haydée que trajo el Ballet de Santiago a Buenos Aires para tres funciones en el ámbito masivo del Luna Park está en dos dúos construidos con mano maestra por la artista brasileña, ahora directora de la compañía chilena.

El primer dúo cierra el primer acto de la obra y es el descubrimiento sexual de los protagonistas. Entregados a una pasión irreprimible, Carmen y Don José se internan por los filosos caminos de un erotismo casi salvaje. Sensualidad y potencia expresiva hubo en Marcela Goicoechea y Luis Ortigoza al asumir este fragmento cargado de tensión dramática. Ambos bailarines argentinos, primeras figuras de la compañía de Santiago de Chile, exhibieron gran excelencia técnica y expresividad. El dúo, sutilmente transformado por el lenguaje coreográfico de Haydée se repite al finalizar la obra.

Similares recursos dramáticos, y hasta algunos elementos del vocabulario dancístico de la coreógrafa sirven en este segmento para definir la historia de ambos personajes. El mismo dúo de amor se metamorfosea en dúo del rechazo. Así es «Carmen»; su destino está marcado desde el principio.

El resto de la obra muestra la habilidad de Haydée en el trazado de un espectáculo atractivo y de singular colorido. Más allá de las escenas íntimas de los personajes centrales a veces compartidos con otros protagonistas del relato, como Don José Micaela o Carmen Escamillo, todas realizadas con refinada escritura, están las grandes escenas de conjunto: los soldados, las cigarreras, los habitantes del campamento gitano, los de la taberna o los de la plaza de toros, que apelan a la espectacularidad de los desplazamientos y a una dinámica ligada a la fuerza y el carácter del pueblo español.

La compañía chilena realizó un trabajo muy cuidadoso y disciplinado en todos sus sectores, con artistas para destacar como Rodrigo Guzmán (Escamillo) o Andreza Randizek ( Micaela), siempre rodeados por una eficaz escenografía de Pablo Núñez y justas luces de Ricardo Castro.

La banda sonora fue arreglada y orquestada por
Albena Dobreva y en ella se amalgaman fragmentos orquestales de la ópera y otras creaciones bizetianas como la Sinfonía en Do, «Los pescadores de perlas» y «La Artesiana», para que el talento de Marcia Haydée pueda construir su propia visión de la famosa gitana, con lenguaje académico pero donde no faltan las referencias al expresionismo de John Cranko, su mentor artístico, ni a las versiones de Roland Petit o Alberto Alonso, todos fervientes amantes de «Carmen».

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